Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.52
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Aquella misma te vuelvo
libre, segura y sin tacha.
OCTAVIO: ¡Vive el cielo, que te mate,
si no me dices la causa
de este trueco!
CELIO: Di, ¿qué trueco?
Dos mil demonios la valgan,
si con premio ni sin premio
la troqué. Mas ¿qué te espantas
de haber visto en este tiempo
una mujer con dos caras?
JUAN: No estamos bien aquí cerca
de la puerta; entra a otra cuadra,
Leonor, donde más segura
estés.
Vase doña LEONOR
Octavio, yo estaba
loco, por Dios; pero antes
ya confieso mi ignorancia.
Leonor era, la verdad
me dijisteis.
OCTAVIO: Cuando acaba
vuestra duda, la mía empieza.
Que era Leonor porfiaba,
y ya, que no era Leonor
la que en el jardín estaba
con vos.
JUAN: Si vos mismo, Octavio,
volviendo desde las tapias,
la socorristeis, si vos
la tuvisteis encerrada,
si vos mismo la sacasteis
de su casa, y a mi casa
la trajisteis, y está aquí,
bien claro nos desengaña
que fue una siempre, pues nunca
hubo otra con quien trocarla.
Si a mí me lo pareció,
como esas veces se engañan
los ojos, yo estuve ciego.
Vase don JUAN
CELIO: Aquí lindamente encaja
lo de "no sois vos, Leonor"
y aquello de "mal tocada."
OCTAVIO: (Él con las mismas razones Aparte
que me convence, me mata.
Mas no es mucho en este caso
ver que las de otro no alcanza
el que no alcanza las suyas.
¿Quién vio cosa más extraña?
Rendido a mi pena estoy.
¡Ya basta, cielos, ya basta!)
Sale doña LISARDA
LISARDA: (La casa anduve, y en ella Aparte
no he visto a nadie y, guiada
de la luz, me vuelvo a ver
en esta primera sala.
Mas ¿quién está aquí?)
Tropieza con CELIO
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