Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.50
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pues aquí, sin que lo sepa
persona alguna de casa,
sino aquellos de quien yo
hiciere tal confïanza,
estarás servida, en tanto
que el cielo camino abra
a tus desdichas. Y aquí
otra vez te doy palabra
de que no saldrás, señora,
si no es contenta y honrada,
si en defensa de tu sangre
sé morir en la demanda.
Y con aquesta advertencia
quédate a Dios; que me llama
el deseo de saber
en qué los sucesos paran
de tu hermano.
Vase URBINO cerrando la puerta
LISARDA: ¡Santos cielos!
¿Qué es esto que por mí pasa?
Que la atención más prudente
y la acción más acertada,
el discurso más atento,
la imaginación más alta
se hubiera perdido, siempre
corriendo fortunas tantas.
¿Yo, de don Juan conocida,
no me di ya por hermana
de Leonor? ¿No me sacó
del peligro de mi casa?
¿A la suya no me trajo,
cuando Celio me guïaba,
para llevarme a otra parte?
O el sentido ya me falta,
o sigo a otro hombre. Pues ¿cómo
éste que sigo no halla
novedad en mi inquietud,
mis penas y mis desgracias?
Don Juan, si hasta aquí me trajo,
¿cómo se fue? ¡Cielos, basta!
Pues confieso que ya estoy
rendida, tened las armas.
¿Qué cuarto será este solo?
Estas señas no señalan
de que habite gente en él.
Iré por todas las salas
a ver si sé dónde estoy,
absorta, ciega y turbada,
que apenas tantas desdichas
pueden sustentar las plantas.
Vase. Salen por otra puerta CELIO y doña
LEONOR
CELIO: Éste es el cuarto, señora,
que para esfera os aguarda.
Aquí don Juan, mi señor,
que yo os trajese me manda.
Gracias a Dios que hay en él
luz, y podré cara a cara
ver el sol de vuestros ojos,
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