Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.41
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¡Vive Dios...!
Ruido de espadas dentro
SANCHO: Aun se anima en esta mano Dentro
noble acero en defensa de mi vida
y mi honor.
URSINO: Esto ¿qué es?
SANCHO: Vuelve, tirano, Dentro
y no seas dos veces mi homicida.
URSINO: En esta casa riñen.
OCTAVIO: Ya es en vano Dentro
esperar mi venganza conseguida
y tu muerte.
Salen don JUAN, don OCTAVIO y doña
LISARDA
LISARDA: ¡Ay de mí!
OCTAVIO: Ved dónde iremos.
JUAN: A casa, porque allí lo dispondremos.
URSINO: En esta casa fue la cuestión, ¡cielos!,
y después de la voz y del rüido,
dos hombres entre asombros y desvelos,
y una mujer con ellos, han salido,
desnudas las espadas, mil recelos
al alma y la razón han ocurrido.
SANCHO: ¡Triste de mí! Sin confesión me muero! Dentro
URSINO: Ni hombre humano seré ni caballero
si dejo a aquesta voz de dar ayuda,
cuando pronuncia en lamentable acento
afectos religiosos lengua muda.
Entrar adentro a socorrerle intento.
Sale don SANCHO
SANCHO: Mal el valor se alienta, mal se ayuda,
cuando de sangre propia está sediento
el corazón, y en bárbaros enojos
le lloran las heridas y los ojos.
Vuelve, vuelve, enemigo, y esa espada
muerte me dé para mayor exceso.
URSINO: Quien así os busca no os ofende en nada,
mas os viene a ayudar en tal suceso.
Sale doña LEONOR
LEONOR: Yo bajo en llanto y en dolor bañada.
Que estoy mortal a mi dolor confieso.
¿Dónde voy? ¡Ay de mí! que en esta calma
miente la vida y se desdice el alma.
SANCHO: Decid ¿quién sois?
URSINO: Quien de piedad movido,
llora vuestras desdichas.
SANCHO: Caballero,
bien la piedad lo dice, pues ha sido
de la sangre el blasón más verdadero;
perdonadme el no haberos conocido;
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