Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.30
Indice General
|
Volver
Página 30 de 63
el ansia ni el afecto,
digno de un alto y singular sujeto,
por Dios, que no ha dejado
de traerme mi poco de cuidado.
Sabed que la crïada
parla excelentemente.
JUAN: Es extremada.
OCTAVIO: No vi en toda mi vida
pícara tan gustosa y entendida.
Pues ¿qué diré del modo
con que se hace estimar? Calle aquí todo.
Decidme si es hermosa.
JUAN: ¿Pudiera haber pregunta más ociosa?
Si vos decís que tan discreta sea,
¿no estáis diciendo a voces cómo es fea?
Pero ya que llegamos,
la seña, Octavio, en esta reja hagamos.
OCTAVIO: ¿Qué va que no responden,
pues poco ha que se esconden
del sol las luces bellas,
dejando por virreinas las estrellas?
JUAN: Fuerza es, pues, que esperemos;
aquí este rato divertir podemos.
Ved qué queréis que hagamos.
Mas pues solos estamos,
sin el impedimento
que os estorbó otras veces, va de cuento.
OCTAVIO: Con el retrato de aquella
madama...--aquí me parece
que quedamos--
JUAN: Es verdad.
OCTAVIO: ...cuya hermosura excelente
con vida y con alma estaba
en el joyel, de tal suerte
que, mirándola y hablando
otra dama diferente,
quise responder a ella,
presumiendo que ella fuese.
Llegué a Milán, y a la casa
de Monsiur de Orliens, pariente
muy cercano de los duques
de Orliens, cuyos intereses
quizá le empeñaron tanto
que, pasando de valiente
a temerario, le hicieron
deudor de tantas mercedes,
dile el recado del duque,
y, en la lámina viviente
absorto, en muy grande rato
no habló; pero en sólo verle
dijo más que si dijera;
que es el silencio elocuente.
Luego, con mil ceremonias
de rendimientos corteses,
me dijo, "Monsiur, al duque
mi señor le decid que este
esclavo y rendido suyo
le besa los pies mil veces.
Y así, que por no tomar
contra mi dueño excelente
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-63
|