Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.27
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deidad de la inconstancia profanada
estaba, tan mudable como bella.
La crïada a la luz fingió turbada
desconocerme, y más turbada ella,
sin fingirlo, quedó sin que supiese
cuál la verdad, cuál lo fingido fuese.
Dio voces, bajó gente, y mis venganzas
probaron en algunos los rigores.
Si estorbé de su amor las esperanzas,
si olvidé de mi olvido los favores,
si burlé de una fiera las mudanzas,
si castigué de un áspid los errores,
dilo tú, aunque ignorante me castigas,
pero no es de tu estado; no lo digas.
Esto te he dicho porque no imagines
de mí que hacer, sin gran disculpa, puedo
cosa indigna de mí, ni determines,
si yo bien puesto o si mal puesto quedo;
que no es bien que me arguyas ni examines,
para poner a mis acciones miedo
y disculpar lo que en mi casa pasa;
que, Argos de honor, he de velar mi casa.
Vase don SANCHO
LISARDA: (¿Hay cosa como pensar Aparte
mi hermano, como me vio
tan de su parte, que yo
fuese la que dio lugar
a aquel crïado, y que he sido
la que, admitiendo al crïado,
la pendencia ha ocasionado?
Aun si le hallara escondido,
con más razón lo dijera;
pues es verdad que yo soy
quien le dio la ocasión hoy
de que a buscarme viniera.
Mas ya que el temor resisto
y él se fue, bien empleado
ha sido el susto pasado,
a trueco de haberle visto;
pues verle sólo será
remedio.) ¡Ah, Celio!
Sale CELIO
CELIO: ¿Señora?
LISARDA: Bien podéis salir agora,
que mi hermano se ha ido ya;
pero mirad lo que os digo,
que no atribuyáis la acción
que habéis visto a otra ocasión
estorbar vuestro castigo
a mis ojos.
CELIO: No se crea
tal de mí, ni tal se espere;
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