Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.24
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y que la otorgue y conceda
cuanto me dijere. Yo
no sé qué enigmas son éstas.
Ellos se vienen de noche
con disfraces y cautelas
sin mí, que ya no parezco
escudero de comedia,
según que no me hallo en todo;
y, siendo así que recelan
de mí no sé qué secretos,
que allá entre los dos conciertan,
me dicen que hable con Nise.
Pero Lisarda es aquesta.)
LISARDA: (¡Qué presto vino! ¡Que un hombre Aparte
tal con cuidado me tenga!)
¿A qué efecto me nombraste?
CELIO: Por mi devoción; que es buena
la que con Santa Lisarda
tengo, que yo no pudiera
con otro efecto nombraros;
y, si es que os nombrara, fuera
por diosa de la hermosura,
por ninfa de la belleza,
emperatriz de la gala,
y de la discreción reina,
archiduquesa del garbo,
de lo prendido duquesa,
marquesa de lo parlado
y del aseo condesa,
y vizcondesa de nadie;
que no ha de ser vizcondesa,
Lisarda, si en la demanda
perder un ojo me cuesta;
que menos importará,
para lo de Dios, que sea
yo, hermosa señora mía,
bizco que vos vizcondesa.
LISARDA: (¿Que tan frías necedades, Aparte
que frïaldades tan necias
como éstas a una mujer
como yo cuidado cuestan?
¡Castigo del cielo ha sido!)
CELIO: (¡Mucho la vista pasea Aparte
por mi estatura; sin duda
que los palos me tantea,
quizá porque los esclavos
los den por razón y cuenta.)
LISARDA: (En esto el remedio hallo; Aparte
que no hay cosa que aborrezca
más que a este hombre, si le miro.
Mas disimular es fuerza,
si así tengo de sanar.)
¿No os dije yo que no os viera
aquí otra vez?
CELIO: Sí, señora,
de lo dicho se me acuerda;
pero como son esclavos
los que han de hacer la faena,
trayendo al cuerpo del guardia
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