Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.23
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pero tiene, porque vaya
la voz más sonora y cierta,
quien la recoja, pues son
arcaduces las orejas.
Y, apurado este discurso,
llevada de mis tristezas,
de lo que miran mis ojos,
ya con esta recompensa,
lo que lloran ellos mismos
de sus agravios se vengan;
de lo que la lengua dice
con suspiros la consuela;
mas el oído no tiene
ni consuelo ni defensa.
Dígalo yo que, engañada
oí la falsa sirena
de un hombre...Pero aquí el llanto
anegue la voz, y sea
mar de desdichas mi pecho,
adonde corra tormenta.
¿A un hombre--aquí me suspende
segunda vez la vergüenza--
de humilde estado, de poca
estimación y de prendas
tan bajas, pudo el oído
tanto que la voz sujeta
y el pecho que ha sido el centro
de altivez y de soberbia?
¿Yo--¡cielos!--yo a una pasión
tan rendida y tan resuelta
que me desvele un crïado,
un pícaro? La paciencia
me falta. ¡Oh qué bien, amor,
de mis desdichas te vengas!
Un solo camino hallo
de vencer esta inclemencia
del cielo, que es verle presto;
que el verle de día refrena
la pasión que de escucharle
de noche nace. Con esta
intención le dije anoche
que a verme a estas horas venga,
pensando que Nise soy,
y estoy esperando atenta;
que si, viéndole de día
con tal traje y tales señas
de hombre bajo, mi furor
tras sí me arrastra y despeña,
tengo de darle la muerte,
porque con su vida mueran
tantos abismos de males,
tantos piélagos de afrentas,
tantos Etnas de desdichas,
tantos Volcanes de afrentas,
tantos montes de peligros,
tantos mares de sospechas,
tantos linajes de agravios,
tantos géneros de penas.
Sale CELIO sin verla
CELIO: (Octavio y don Juan me dicen Aparte
que a buscar a Nise venga,
que ella dirá que me quiere,
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