Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.10
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a ser Etna, a ser Volcán,
abismo de luz inmenso,
el que era Volcán y Etna
a ser esfera, a ser centro,
oficina y obrador
de los rayos y los truenos;
tanto que, aunque desigual,
si bien no el nacimiento,
sino en la hacienda, la di
palabra de casamiento;
cuya llave, que es maestra
para hacer a cualquier pecho
de mujer, me ofreció hacerme
de tantas venturas dueño.
Di parte de esto a un amigo...
¿A un amigo dije? Miento;
porque un amigo traidor,
con capa de verdadero,
es el mayor enemigo;
que al fin no fuera el veneno
del áspid tan ponzoñoso
si no matara encubierto.
¡Oh fementido, oh aleve,
oh falso, oh mal caballero!
Pero quédese esto aquí.
Ufano, alegre y contento
esperé que el dios de Dafne,
entre sombras y bosquejos
de la noche sepultase
su luz, siendo monumento
todo el mar a todo el sol,
cuando llegase a su centro.
Quiso el cielo el mismo día
--¡qué tasado que anda el tiempo
en las penas!--que mandó,
de honor y prudencia lleno,
el marqués de los Balvases
que fuese marchando el tercio
al casal de Monferrato,
abrasando y destruyendo
cuandos lugares hubiese
confinantes, que, aunque abiertos,
no les faltaban defensas.
¡Ah ley dura, ah duro fuero
de honor! ¿Qué no pararás,
si sabes parar deseos?
Yo, atento a la disciplina,
yo, a la milicia sujeto,
con mi compañía salí;
que es al noble caballero
la religión más estrecha
de cuantas admira el tiempo
la milicia. A Pontostura
llegamos, donde el esfuerzo
de nuestro maestre de campo
hizo alarde de su aliento;
pues porque tardó un crïado
con su arnés, desnudo el pecho
se entró por la batería.
Debió de tener por cierto
que la obediencia del plomo
había de guardar respeto
a un Sandoval y a un Padilla;
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