Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.8
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a la amistad de Octavio,
pensando que podía
vuestra casa aumentar la pena mía;
pues, como veis, es fuerza
no verme el sol, mi sentimiento fuerza
el estar solo y triste;
más que en la causa, en la pasión consiste.
JUAN: Aunque yo de un amigo
nunca a saber ni a preguntar me obligo
más de lo que él quisiere
decirme, aquí la ley así prefiere
la voluntad que quiero
que me acuse la parte de grosero,
suplicándoos merezca mi cuidado
saber la causa con que habéis llegado
encubierto a Verona,
recatada del sol vuestra persona,
haciendo mi aposento
voluntaria prisión.
OCTAVIO: Estadme atento.
Bien os acordáis, don Juan,
de aquel venturoso tiempo
que en las escuelas famosas
de Bolonia, patria y centro
de las artes y las ciencias,
fuimos los dos compañeros,
viviendo un cuerpo dos almas,
y dando un alma a dos cuerpos.
Bien os acordáis también
de que en un mismo correo
de vuestro padre y el mío
tuvimos juntos dos pliegos,
en que el señor don Ursino
os mandaba que al momento
viniésedes a Verona
a descansarle del peso
de vuestro estado, porque
os tenían sus deseos
de una principal señora
tratado ya el casamiento.
En el mío me mandaba
a mí mi padre que luego
trocase plumas y libros
por las galas y el acero.
Vos a casaros y yo
a la guerra en un día mesmo
fuimos llamados; si bien
no de contrarios efectos,
porque la guerra y casarse
todo es uno es este tiempo.
Al despedirnos los dos,
en el abrazo postrero
palabra los dos no dimos
que habíamos de valernos
el uno al otro, y llamarnos
para cualquiera suceso;
sobre cuya confïanza
a buscaros, don Juan, vengo,
para probar que soy yo
más vuestro amigo, supuesto
que yo de vuestra amistad
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