El veneno y la triaca (Pedro Calderón de la Barca) - pág.11
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INFANTA Que te vayas, que te ausentes,
y en mi estado de Inocencia
acompañada me dejes.
(Vanse las dos de las manos.)
LUCERO Una cosa sola en que
no pudiera obedecerte
me has pedido; mas quien pide
lo imposible, no se queje
de no ser obedecido,
y es imposible que llegue
yo a olvidar, porque no olvidan
espíritus lo que aprenden;
y todo espíritu soy,
tal, que ofendido de verme
despreciado, en ira y rabia
envuelto, soy un ardiente
volcán; mi amor es el fuego,
y tu desprecio la nieve;
mas, pues finezas no bastan,
bella Infanta, a enternecerte,
pueda el ingenio alcanzar
lo que el afecto no puede.
Yo supe ciencias, yo supe
por ellas los diferentes
secretos que yerbas, plantas,
piedras y frutos contienen.
Del más venenoso hechizo
contra ti pienso valerme
que te haga por fuerza mía:
las vïandas excelentes
que aquellas copas te sirven;
los cristales, que estas fuentes
te rinden, siempre sonoras,
las bellas flores alegres;
que tributan estos cuadros
en hermosos ramilletes
he de envenenar, llamando
a que confecciones temple
el veneno del hechizo
a la Muerte, que la Muerte
mágica es, que fingir sabe
mil fantasmas aparentes.
¡Oh tú, horror de los mortales,
preciso fuero en sus leyes,
exceptuación de ninguno
y juez de todo viviente!
Nunca, engañado contraste
de los superiores leves,
pues en el imperio mío
hoy hecha alianza tienes,
y eternamente han de ser
amigos Pecado y Muerte.
Escucha mis tristes voces.
(Ábrese un árbol y sale LA MUERTE.)
MUERTE ¿Qué es, príncipe, lo que quieres?
LUCERO ¿Dónde estás?
MUERTE En este tronco
mi horror se alberga, porque este
primero sepulcro mío
es albergue de la Muerte.
LUCERO De ti me vengo a valer.
MUERTE A tu obediencia me tienes.
LUCERO Pues eres de estos jardines
disimulada serpiente,
dime: ¿En qué fruta, en qué flor,
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