El veneno y la triaca (Pedro Calderón de la Barca) - pág.10
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convertida en ámbar gris;
por que la tierra, y el mar,
obedientes a este fin,
te tributen sus tesoros,
para adornar y lucir
las cintas de tu coturno,
los lazos de tu chapín.
INFANTA Disimulado pastor
que a aquestos jardines vienes
desterrado de tu patria,
ese imperio que encareces,
hasta hablar en tus amores
te he escuchado cortésmente;
pero ya que tan soberbio
a mi decoro te atreves,
mi gran vanidad profanas,
mi justo respeto pierdes,
es fuerza que te castigue
con iras y con desdenes.
Estos jardines hermosos,
que de paraíso tienen
el nombre, y donde yo asisto
(porque mi padre lo quiere),
no viven acostumbrados
a disfraces, que contienen
en sus lisonjas venenos,
y en sus sentimientos muertes.
Vete, pues, de mi presencia,
antes que rigor más fuerte
te desengañe. ¿Qué aguardas?
Vete de mi vista, vete,
porque eres un basilisco,
una hidra, un áspid eres,
que con el aliento sólo
rayos en mi pecho enciendes.
LUCERO ¡Cuánto el mirarte enojada
me acobarda! ¡Cuánto el verte
quejosa! Porque con iras,
eres hermosa dos veces.
(Vuelve LA INOCENCIA a acercarse, y EL LUCERO se
aparta.)
INOCENCIA ¡Qué a mi gusto he respondido!
INFANTA Cuando aquel pastor aleve
de mis ojos se retira,
a mí la Inocencia vuelve;
sin duda, que incompatibles
son los dos, porque no pueden
estar juntos. Inocencia,
llégate más.
LUCERO De esa suerte
apartaréme yo más.
INOCENCIA ¿Qué es, señora, lo que quieres?
INFANTA De ese extranjero pastor
me guarda, ampara y defiende.
INOCENCIA En tu ayuda me hallarás
siempre que llamarme intentes,
que yo en la ocasión estoy
retirada, mas no ausente.
LUCERO No huyas, que ya no te sigo;
dime sólo si merece
mi amor alguna esperanza,
aunque el viento se la lleve.
¿Qué haré yo para obligarte?
INFANTA Una cosa solamente.
LUCERO No dilates el decirla.
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