El veneno y la triaca (Pedro Calderón de la Barca) - pág.4
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que trueca en nube azul el monte verde.
Así, privilegiados
siempre, alegres y hermosos
duréis, siendo del sol bellos faetones,
tanto que, aunque anegados
en abismos undosos,
con montes de agua y piélagos de montes,
atentos horizontes,
vecinos os respeten
las injurias del hado
y al cielo, coronado
de espumas, se sujeten,
levantando los hielos
murallas de cristal hasta los cielos.
Así, después del agua
no pueda en tanto abismo
profanaros tampoco tanto fuego
como mi pecho fragua,
y volcán en mí mismo,
mi aliento expira cuando a veros llego
triste, confuso y ciego;
y el diluvio segundo
que ha de borrar la esfera
no os abrase ni hiera,
sino, pompa del mundo,
os dejen sin desmayos,
incendio de agua y tempestad de rayos;
que en vuestros campos bellos
un pastor disfrazado
admitáis (que pastor también he sido);
a vivir vengo en ellos,
adonde mi ganado
ha de ser el rebaño más perdido,
cobarde y atrevido;
amo a la Infanta bella
que hereda el ancho imperio
de todo el hemisferio,
y disfrazado a vella
a estos jardines llego,
sin luz y con amor dos veces ciego.
(Sale LA INOCENCIA.)
INOCENCIA En estos jardines bellos,
cuantos hoy la han reflejado
sola a la Infanta han dejado,
porque se ha dormido en ellos.
Y aunque tu beldad, pardiez,
hoy conmigo se enojó,
y de mal humor estó,
no he de asistirla; esta vez
perdone su remenencia.
LUCERO La ocasión que pretendí
se dispone, pues aquí
se ha quedado la Inocencia;
por ella quiero empezar
los disfraces de mi amor,
pues la Inocencia, en rigor,
será fácil de engañar;
que no la conozco quiero
fingir. Bella labradora,
pues sois de este campo aurora:
¿qué senda...
INOCENCIA ¡Qué hombre tan fiero!
LUCERO ...es ésta en que estoy perdido?
INOCENCIA En el camino erráis
se ve, que perdido vais;
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