La hidalga del valle (Pedro Calderón de la Barca) - pág.23
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que la ha pagado parece,
y ya en esto desmerece
el modo de agradecer;
mas no en quien se llega a ver
la cura antes del dolor;
luego viene a ser mejor
preservar que socorrer.
PLACER ¿De manera que ya aquí
hoy los dos me confesáis
que en obligación me estáis?
¿Y tú, mayor?
CULPA Es así.
PLACER ¿Y confesáis que es en mí
igual siempre la fineza
en socorrer la tristeza
en que estábades?
LOS DOS Sí.
PLACER Pues
para hablar conmigo es
muy grande vuestra simpleza;
porque si llego a mirar,
que yo he podido tener
un modo de socorrer,
y otro aquí de preservar,
en Dios piedad singular
es preciso que confiese
ya vuestra lengua con ese
ejemplo: que dos ha habido,
a uno por haber caído,
y otro por que no cayese...
El levantaros postrado,
y limpiaros, da a entender
que en no dejaros caer
limpiados he, y levantado;
una atención, un cuidado
me habéis costado los dos:
vos, porque caísteis; vos,
porque no os dejé caer;
pues si esto hace mi poder,
¿qué no hará el poder de Dios?
Luego de Dios reservada
está la que no cayó,
y sin caer se levantó
limpia, antes de estar manchada:
una piedad imitada
es alzar a uno, y tener
al otro que va a caer.
¿Luego si para librar
al que cayó en su pesar
fue su Sangre menester,
para detener a quien
va a caer, es bien se arguya
que puso la Sangre suya,
que fue menester también?
Luego en su Sangre hoy es bien
que esta Niña comprendida
sea antes de la caída;
y es, pues Dios la ha preservado,
concebida sin pecado,
y en su Sangre redimida.
CULPA Es vana sofistería
querer que esta Niña humana
de la Sangre de Dios goce,
antes que esté derramada.
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