La hidalga del valle (Pedro Calderón de la Barca) - pág.4
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con dos afectos distintos,
en cualquiera concepción,
igualmente concurrimos.
NATURALEZA Estas dos puertas, señora,
que ya cursadas has visto,
son de la ley natural
y escrita; mas la que admiro
cerrada, no sé yo quién
viva en ella, e imagino
que hasta ahora no se ha abierto
pues no hay gente en su edificio.
CULPA Si la hubiere, pagará
el tributo; haz lo que digo.
NATURALEZA ¿Ha de la Ley Natural
candor, y yugo sencillo
de nuestros primeros padres?
(En lo alto de la torre está una fábrica de tres
puertas, las dos abiertas y la una cerrada, y JOB sale
por una y dice sin bajar.)
JOB ¿Quién con míseros gemidos
llama a estas puertas?
NATURALEZA Yo soy.
JOB No te había conocido
hasta que te vi los hierros
que traes en el rostro escritos,
Humana Naturaleza.
NATURALEZA Sin mis señas; no me admiro,
pues ya que han de conocerme,
sé, por mis hierros, mis hijos.
JOB Paciencia habrás menester;
¿quién es quien viene contigo,
Naturaleza?
NATURALEZA La Culpa,
a quien ya de esclava sirvo.
JOB ¿Qué quieres, Culpa? Que yo
habiendo la voz oído,
que a los de la Natural
ley ha llamado, he salido
por todos ellos.
CULPA Cobrar
el pecho, a que reducidos
estáis todos los humanos,
es el intento que sigo,
empezando en la primera
Ley Natural, pues ha sido
Ley Natural el pagarle,
y no quiero otro testigo,
en abono de que soy
yo el origen, y el principio
de todas las aficiones,
probando que de los vicios
yo soy el original,
y ellos son retratos míos,
que el universal diluvio,
que empezando en un rocío,
de la aurora, se hizo lluvia;
la lluvia (cobrando bríos),
fuentes; las fuentes, arroyos;
los arroyos, anchos ríos;
los ríos, inmensos mares;
que entre piélagos y abismos,
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