La hidalga del valle (Pedro Calderón de la Barca) - pág.3
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siendo, aun antes de nacer,
en aquel natural limbo,
señalado con mis hierros
y marcado con mis signos,
sin que pueda haber jamás
mortal ser que sea excluido
de este pecho este tributo,
pues hasta los reyes mismos
con villanaje de humanos
acudirán al servicio.
Piadosamente crüel
he aceptado los partidos;
y así a cobrar el tributo
ambiciosa el aire giro,
iluminándole a rayos,
tornasolándole a visos.
Dezmera soy de mí mesma,
pues yo mesma a mí me envío
a cobrar mis rentas; éste
es el padrón donde alisto
mis vasallos, y por que
ninguno pueda atrevido
excusarse de la paga,
aquesta esclava he traído
a que me avise de cuantos
se engendraren, pues ya miro
que ella no podrá engañarse
de saber cuántos han sido
engendrados, siendo éste
de naturaleza oficio:
y así a concurrir con ella
en el instante e improviso
de cualquiera concepción,
con ella voy de continuo,
corriendo parejas toda
la carrera de los siglos.
Ya a vista del mundo estamos;
su fábrica descubrimos,
una emulación hermosa
de ese alcázar cristalino.
Tres puertas tiene, las dos
todas abiertas las miro,
y la tercera cerrada.
Y pues que desde el principio
del mundo, hasta el fin del mundo
dilato el imperio mío,
desde la primera quiero
ir asentando en mi libro
los tributarios vasallos,
que en mis padrones registro.
Llama a esa primera puerta,
reconozcan sus vecinos
en su semblante mi horror,
y vean cuántos han sido,
son y serán, que las dos
a vasallarlos venimos;
tú esclava, yo victoriosa;
tú con temor, yo con brío;
tú rendida, yo triunfante;
tú con yerros, yo con ricos
despojos; tú humilde, yo
altiva; tú con suspiros,
yo con voces; tú con llantos,
y yo, en fin, con regocijos;
por que vean los mortales,
postrados hoy, y rendidos,
que Culpa y Naturaleza,
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