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Reconquistar Plenty (Colin Greenland) - pág.32

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Robabas un chapati del puesto de una vieja y serpenteabas entre los grupos de comerciantes y compradores siguiendo el olor del café recién tostado. Había gente asomada a las ventanas de los pisos superiores hablando con sus vecinos que se desplazaban por el canal. Las prendas multicolores colgaban rígidas en el gélido aire del amanecer como estandartes inmóviles sobre los ciento noventa y nueve canales y cursos de agua. Después cruzabas el Puente de Cobre y el sol sobre los tejados ardiendo como un disco de mantequilla en el cielo color cinabrio. Los robots de mantenimiento y vigilancia surcaban las aguas con un petardeo de motores zumbando y canturreando para sí mismos, y las fuentes de los Jardines Hamishawari se ponían en marcha lanzando sus chorros de agua hacia las alturas.
La humanidad había recibido un regalo inesperado. El espacio podía ser suyo, y muchos humanos prefirieron surcarlo a permanecer en órbita y construir habitáculos. Marte y sus veloces satélites fueron el primer gran resultado directo de ese regalo caído del cielo. Manos capellanas se encargaron de dirigir las operaciones de construcción y la maquinaria capellana se ocupó del trabajo físico, pero todo fue hecho por y para los humanos de la Tierra, su vecina más próxima, y la inmensa labor de convertir Marte en un lugar habitable fue emprendida y llevada a cabo en su exclusivo beneficio. Es fácil entender el celo y la diligencia de que dieron muestra. Todo un planeta se había vuelto accesible de repente, y no sólo era accesible sino que estaba disponible, desocupado y desierto... Todo un planeta abandonado podía ser suyo.
El Planeta Rojo está sumergido bajo una montaña de réplicas de sílice y recreaciones sentimentaloides de los "Antiguos" que deben mucho más a la imaginación fantasiosa que a la arqueología, y eso hace que ahora resulte muy difícil imaginarlo, pero en la época del Gran Paso Adelante los grandes canales eran los únicos vestigios visibles de esa raza orgullosa de arquitectos e ingenieros ya desaparecida.
Sus impresionantes dimensiones no habían logrado impedir que se hallaran en un estado lamentable. Los cauces estaban llenos de arena, los fondos estaban resquebrajados y las orillas habían sufrido los embates de cientos de largos y duros inviernos marcianos. Los primeros exploradores siguieron sus cursos hasta allí donde desaparecían en el laberinto de los valles y los peñascos de las tierras polvorientas y tuvieron que retroceder confesando su derrota.


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