Discurso sobre las ciencias y las artes (Jean Jacques Rousseau) - pág.9
Indice General
|
Volver
Página 9 de 20
He aquí cómo el lujo, la disolución y la esclavitud han sido en todo tiempo el castigo a los esfuerzos orgullosos que hemos hecho para salir de la feliz ignorancia donde nos había situado la sabiduría eterna. El tupido velo con el que ha cubierto todas sus operaciones parecía avisarnos suficientemente que no nos ha destinado a búsquedas vanas. ¿Pero existe alguna lección suya que hayamos sabido aprovechar o que hayamos abandonado impunemente? Pueblos, sabed de una vez por todas que la naturaleza ha querido preservarnos de la ciencia, como una madre arrebata un arma peligrosa de las manos de su hijo; que todos los secretos que os oculta constituyen tantos males contra los que os guarda y que el esfuerzo que invertís para instruirás es el mayor de sus beneficios. Los hombres son perversos; serían peores aún si hubieran tenido la desgracia de nacer sabiendo.
¡Qué humillantes son estas reflexiones para la Humanidad! ¡Cómo debe mortificarse nuestro orgullo! ¿Qué es lo que ocurre? ¿La probidad es acaso hija de la ignorancia? ¿La ciencia y la virtud son entonces incompatibles? ¿Qué consecuencias se podrían sacar de estos prejuicios? Pero para conciliar estas contradicciones aparentes es necesario examinar de cerca la vanidad y el vacío de los títulos orgullosos que nos deslumbran y que atribuimos gratuitamente a los conocimientos humanos. Consideremos, pues, las ciencias y las artes en sí mismas. Veamos lo que debe resultar de su progreso; y no vacilemos en convenir en todos aquellos puntos en los que nuestros razonamientos se encuentren de acuerdo con las inducciones históricas.
Parte Segunda
Una antigua tradición de Egipto importada de Grecia consideraba que el inventor de las ciencias era un dios enemigo de la tranquilidad de los hombres. ¿Qué opinión debían de tener acerca de ellas los mismos Egipcios, en cuya nación habían nacido éstas? Ocurre que veían de cerca las fuentes que las habían producido. En efecto, aun que hojeemos los anales del mundo, aunque suplamos las crónicas inciertas por investigaciones filosóficas, no encontraremos para los conocimientos humanos un origen que responda a la idea que nos gusta tener sobre él. La astronomía nació de la superstición; la elocuencia, de la ambición, del odio, de la adulación, de la mentira; la geometría, de la avaricia; de la física, de una vana curiosidad; todas, incluso la moral, del orgullo humano. Por lo tanto, las ciencias y las artes deben su nacimiento a nuestros vicios: dudaríamos menos de sus ventajas si lo debieran a nuestras virtudes.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
>>>
|