Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.451
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No me atrevo a precisar las razones por las cuales las mujeres se empeñan en acorazarse de tal modo, pienso que un pecho fofo y un vientre abultado, desagradan mucho al joven de veinte años; pero al de treinta no le extrañan, y como, aunque nos pese, hemos de ser en todo tiempo lo que plazca a la naturaleza, y como los ojos de los hombres no se equivocan, menos desagradan estos defectos en una edad cualquiera que la necia afectación de una niña de cuarenta años.
Librodo
Todo lo que molesta y oprime a la naturaleza, así en los adornos del cuerpo como en los del espíritu, es de mal gusto. Ante todo deben ser la vida, la salud, la razón, el bienestar, y no hay gentileza sin desahogo; la delicadeza no es endeble, ni la enfermiza puede agradar. La que sufre inspira lástima, y el deleite y el deseo buscan robustez y salud.
Las criaturas de uno y otro sexo tienen muchas cosas comunes, y así debe ser. ¿No los tienen también cuando son mayores? Tienen otros gustos peculiares que las distinguen. Los muchachos anhelan estrépito y bullicio, tambores, peonzas, carricoches; las muchachas gustan más de lo que da en los ojos y sirve de adorno; espejos, sortijas, trapos y, sobre todo, muñecas, que es la diversión peculiar del sexo; aquí tenemos determinado con toda evidencia su gusto por su destino. En el adorno está cifrado lo físico del arte de agradar y lo físico es todo lo que de este arte pueden cultivar las criaturas.
Observad a una chiquilla que se pasa el día dando vueltas con su muñeca, cambiándole continuamente el traje, vistiéndola y desnudándola mil veces, inventando sin cesar nuevas combinaciones de atavíos, bien o mal coordinados, poco importa, pues aún no tienen maña los dedos, ni está formado el gusto, pero la inclinación ya se pone al descubierto; en esta constante ocupación se le pasa el tiempo sin darse cuenta y corren las horas sin que ella lo sepa, hasta olvidársele el comer, puesto que siente más hambre de adornos que de manjares. Ya sé que diréis que viste a su muñeca y no se viste ella. Sin duda, ve a su muñeca y no se ve a sí misma, no puede hacer nada para ella, pues aún no está formada, carece de talento y de fuerza, no es nada todavía, vive para su muñeca, y en ella emplea su deseo de agradar, pero no siempre lo concretará en la muñeca, ya que vendrá el tiempo en que ella misma será su muñeca.
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