Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.401
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Sabe lo que hace cada uno en el mundo, y le falta ver cómo viven. Es hora de mostrarle el exterior de esta gran escena, cuyo oculto juego conoce ya. No se presentará con la inconsciente admiración de un joven atolondrado, sino con el discernimiento de un espíritu recto y justo. Sin duda sus pasiones le podrán engañar, ¿y cuándo no engañan a quien se deja arrastrar por ellas?, pero por lo menos no le engañarán las ajenas. Si las ve, las verá con los ojos del sabio, sin que tiren de él sus ejemplos ni le seduzcan sus preocupaciones.
Así como hay una edad apropiada para el estudio de las ciencias, hay otra en que mejor se aprenden los hábitos del mundo. El que los aprende de muy joven, los sigue toda su vida sin reflexión ni discernimiento, y aunque con mucha suficiencia, nunca sabe lo que se hace. Pero el que los aprende y ve sus razones, los sigue con más juicio y por consiguiente con más sensatez. Dadme un muchacho de doce años que no sepa nada de nada, y a los quince os lo devuelvo sabiendo tanto como el que desde sus primeros años habéis instruido, con la diferencia de que el saber del vuestro residirá en su memoria y el del mío en su juicio. De igual modo introducid a un joven de veinte años en el mundo; bien educado, será dentro de un año más amable y más juicioso que el que se hubiera criado en él desde su infancia, porque el primero es capaz de conocer las razones de todos los procederes relativos a la edad, condición y sexo, que constituyen este uso, y puede reducirlos a principios y aplicarlos a los casos no previstos, mientras que el otro, que no tiene más regla que la práctica, se encuentra con grandes dificultades en cuanto sale de ella.
Las muchachas francesas se educan todas en conventos hasta que contraen matrimonio. ¿Es que tal vez se pretende que se amolden sin dificultad a modales para ellas tan nuevos? ¿Acusará alguien a las mujeres de París de que carezcan de desenvoltura y de gracia, o que ignoran los hábitos del mundo porque no se han criado en él desde su infancia? Sostienen este prejuicio las mismas personas de la corte, que no conociendo nada más importante que esta insignificante ciencia, se imaginan, sin fundamento, que nunca es demasiado pronto para adquirirla.
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