Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.201
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Pretendéis que sea dócil cuando es pequeño, y eso es querer que sea crédulo y le burle cuando sea hombre. Continuamente le decís: «Todo lo que te exijo es para tu provecho, pero no eres capaz de comprenderlo. ¿Qué me importa a mí que lo hagas o no? Para ti el resultado». Con estas buenas razones que ahora le dais con el fin de que adquiera discreción, le dejáis dispuesto para que un día se deje sugestionar por las que le diga un iluso, un truhán, un majadero o un loco cualquiera, para que caiga en sus lazos
o comparta su locura.
Es conveniente que un hombre sepa muchas cosas cuya utilidad no puede comprender un niño, ¿pero necesita o es posible siquiera que aprenda un niño todo lo que importa que sepa el hombre? Procurad enseñar a un niño todo lo que es útil para su edad, y os daréis cuenta de
Librodo
que es más que suficiente para llenar su tiempo. ¿Por qué queréis, en detrimento de los estudios que actualmente le convienen, aplicarle los de una edad a la cual es incierto haya de llegar? Vosotros me diréis: ¿habría tiempo para aprender lo que debe saberse cuando llegue el momento de hacer uso de ello? No lo sé, pero lo que sí sé es que no es posible aprenderlo antes, porque la experiencia y el sentimiento son nuestros verdaderos maestros, y el hombre nunca sabe lo que le conviene más allá del círculo en que se ha desenvuelto. El niño ha de llegar a hombre; todas las ideas que del estado de hombre puede forjarse resultan para él motivos de instrucción, pero acerca de las ideas de este estado, las cuales exceden a su capacidad, debe permanecer en absoluta ignorancia. Todo mi libro no es más que la prueba ininterrumpida de este principio de educación.
En el momento que hemos logrado dar a nuestro alumno una idea de la palabra útil, ya tenemos otro asidero para conducirle. Esta voz le causa mucha impresión, va que para él sólo tiene un significado relativo a su edad y ve claramente la relación con su actual bienestar. A vuestros hijos no les hace mella esta voz, porque no os habéis esmerado en proporcionarles una idea de ella que no excediese a su capacidad, y porque encargándose otros de proporcionarles lo que es útil, nunca necesitan pensar en la utilidad ni saben qué es.
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