Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.42
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Por poco que se haya reflexionado sobre el orden y el progreso de nuestros conocimientos, no se podrá negar que con escasa diferencia sea éste el primitivo estado de ignorancia y estupidez natural del ser humano, antes de que aprenda algo por medio de la experiencia o de sus semejantes.
Se conoce, pues, o puede conocerse, el punto primero de donde sale cada uno de nosotros para llegar al común grado de inteligencia; ¿pero quién es el que conoce el otro extremo? Cada uno avanza más o menos según su genio, su gusto, sus necesidades, su talento, su celo, y las ocasiones que de abandonarse se presentan. Yo no sé que haya habido aún ningún filósofo tan atrevido que dijese: «He ahí el término donde el hombre puede llegar y del cual nunca podrá pasar». Ignoramos lo que nuestra naturaleza nos permite ser; ninguno de nosotros ha medido la distancia que entre un hombre y otro puede mediar. Esta es el alma bajo la cual esta idea no se enardece jamás y que no se ha pronunciado nunca dentro de su orgullo: ¡A cuántos voy dejando atrás! ¡A cuántos puedo pasar aún! ¿Por qué un igual mío iría más lejos que yo?
Lo repito; la educación del hombre empieza al nacer; antes de hablar, de comprender, él ya se instruye. La experiencia precede a las lecciones; cuando conoce a su nodriza, tiene ya mucho adquirido. Uno se sorprendería del hombre, el más rústico, si siguiéramos sus progresos desde el momento en que nació hasta aquel en que se halla. Si se dividiese toda la ciencia humana en dos partes, la una común a todos los hombres y la otra propia de los sabios, la última sería muy pequeña comparada con la primera.
Mas no nos detengamos mucho en las adquisiciones generales, ya que se hacen sin pensarlo, antes de que se tenga uso de razón, y porque, por otra parte, por las diferencias se nota el saber, y, como en las ecuaciones algebraicas, no se cuentan las cantidades comunes.
Los animales mismos adquieren también mucho. Tienen sentidos, y esto hace que aprendan a hacer uso de ellos; tienen necesidades y es preciso que aprendan a satisfacerlas; necesitan aprender a comer, a andar, a volar. Los cuadrúpedos que se aguantan de pie desde
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que nacen, no por eso saben andar; en sus primeros pasos se ve que hacen pruebas con inseguridad.
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