Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.40
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No discutáis con las nodrizas; mandadlas, mirad cómo realizan lo mandado y no se omita nada para facilitar en la práctica las operaciones que se les hayan prescrito. ¿Y por qué no tomar parte en estas obras?
En las nodrizas corrientes, donde no se mira más que la parte física con tal de que el niño viva y no enferme, poco importa lo demás, pero aquí, donde empieza con la vida la educación, desde que nace, el niño ya es discípulo no del ayo, sino de la naturaleza. El ayo no realiza otra cosa que estudiar con este primer maestro, y evitar que sean estériles sus afanes. Vigila a la criatura, la observa, la sigue, acecha con diligencia el primer albor de su débil entendimiento, como al acercarse el primer cuarto de luna acechan los musulmanes el momento en que nace.
Nosotros nacemos capacitados para aprender, pero no sabiendo ni conociendo nada. El alma, encadenada en los órganos imperfectos y medio formados, ni siquiera tiene la conciencia de su propia existencia. Los movimientos, los gritos del niño recién nacido,
12 Se sofoca a los niños en las villas a fuerza de tenerlos encerrados y vestidos. Los que les cuidan aún no saben que el aire frío, en vez de perjudicarles, les refuerza, y que el aire caliente los debilita, les da fiebre y al final los mata. 13 Uso la palabra cuna con el fin de emplear una voz conocida y a falta de otra, pero tengo el convencimiento de que jamás debe mecerse a los niños, y que esta costumbre en reiteradas ocasiones les resulta perjudicial.14 Los antiguos peruanos dejaban los brazos libres a los niños en una envoltura muy ancha, y cuando se la quitaban, los dejaban libres en un hoyo en el suelo, cubierto o tapizado con un lienzo, donde estaban metidos hasta una altura de medio cuerpo; de esta forma podían moverse libremente sin correr el peligro de caerse ni lastimarse, y cuando ya empezaban a poder andar, les presentaban los pechos desde cierta distancia para estimularles a caminar. Los negritos tienen por costumbre mamar en una posición mucho más incómoda, pues aprietan con sus pies y rodillas una de las caderas de la madre, se agarran con sus manos al pecho y maman constantemente sin alterarse ni caer, a pesar de los distintos movimientos de la madre, quien continúa con sus quehaceres.
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