Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.38
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Los hombres no son para que vivan amontonados en hormigueros, sino esparcidos sobre la tierra que deben cultivar. Mas ellos se reúnen y ellos se corrompen. Las enfermedades del cuerpo así como los vicios del alma, son el efecto infalible de esta concurrencia. El hombre es, de todos los animales, el que menos puede ,vivir en manada, y los hombres hacinados como carneros se morirían en poquísimo tiempo. El aliento del hombre es mortal para sus semejantes. Esta expresión no es menos verdadera en sentido propio que en sentido figurado. Las ciudades son el sumidero de la especie humana. Al cabo de algunas generaciones perecen
o degeneran; deben ser renovadas, y es siempre el campo lo que logra esta renovación. Enviad, pues, vuestros niños a que se renueven, por decirlo así, y a que recuperen en el campo el vigor que se pierde respirando el aire contagioso de los lugares demasiado poblados. Las mujeres embarazadas que están en el campo se apresuran a volver a la ciudad cuando se les acerca la hora del parto, v deberían hacer todo lo contrario, especialmente aquéllas que quieren criar a su hijo; les costaría menos de lo que imaginan, y en una permanencia más natural a la especie, los placeres ligados a los deberes naturales les apartarían pronto de aquellos con quienes no se tiene relación alguna.
Desde luego, después del parto se lava el niño con agua tibia a la que se le añade ordinariamente vino.
Esta adición de vino no me parece necesaria. Como la naturaleza no produce ninguna cosa fermentada, es de creer que el uso de un líquido artificial no importa en nada a la vida de sus criaturas.
Por la misma razón, esta precaución de entibiar el agua no es indispensable; existen muchísimos países en los cuales, sin otros preparativos, lavan en los ríos o en el mar a los recién nacidos, pero afeminados los nuestros antes de nacer por la molicie de los padres, vienen al mundo con un temperamento ya fatigado, que de buen principio no conviene exponer a las pruebas que deben restablecerle. Solamente de una forma gradual pueden ser restituidos a su primitivo vigor. Comentemos conformándonos con el modo acostumbrado y paulatinamente iremos apartándonos de él. Lavad con frecuencia a los niños; su suciedad demuestra esta precisión. Cuando no hacen otra cosa que enjugarlos, les castigan la piel, pero a medida que vayan tomando fuerza, se puede disminuir gradualmente el calor del agua hasta que por último sean lavados sólo con agua fría, aunque sea helada.
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