Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.37
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Pienso que en lugar de mudar el alimento común de las nodrizas, es suficiente con que se les dé con mayor abundancia y más escogido. No es por la naturaleza de los alimentos la causa de que el magro se caliente, sino la forma de sazonarlos lo que los hace perniciosos. Reformad las normas de vuestra cocina, no hagáis fritos, ni manjares compuestos con manteca enrojecida al fuego; no arriméis a la lumbre la sal, los lacticinios ni la manteca; no sazonéis vuestras legumbres cocidas hasta que se pongan hirviendo encima de la mesa, y la comida de vigilia, lejos de encender la sangre de la nodriza, le dará leche en abundancia y de
9 Las mujeres comen pan, legumbres y lacticinios. Las perras y las gatas comen lo mismo y hasta las lobas pastan. Van en busca de jugos vegetales para su leche. Nos resta el examen de la leche de los animales que no pueden alimentarse más que con carne, si es que hay algunos de esta especie. lo que dudo mucho.10 Aunque los jugos que nos nutren sean líquidos, tenemos necesidad de que sean exprimidos de los manjares sólidos. Un trabajador que se alimentara exclusivamente con caldo no tardaría en fallecer; no obstante, si su alimento líquido fuese la leche, se sustentaría bien, pues la leche, ya en el estómago, se solidifica o cuaja.
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la mejor calidad11. ¿Sería posible que siendo reconocido el régimen vegetal como el mejor para la criatura, fuese para la nodriza mejor el animal? Esto es una contradicción.
Esto es sobre todo en los primeros años de la vida, cuando el aire ejerce una acción particular en la constitución de los niños; penetrando por todos los poros de su blanda y delicada piel, influye poderosamente en sus nacientes cuerpos, y les deja impresiones que jamás se borran. Yo no admitiría que se sacase a una nodriza de su lugar para encerrarla en una habitación de la ciudad y hacer que críe al niño en casa de sus padres; mejor que vaya a respirar el aire puro del campo que el corrompido de la ciudad. El tomará el estado de su nueva madre, habitará su rústica casa y el ayo le seguirá. Que recuerde el lector que el preceptor no es ningún hombre pagado, sino el amigo del padre. Pero cuando ese amigo no se encuentra y ese traslado no resulta fácil, cuando nada de esto que se nos aconseja es factible, ¿qué debe hacerse en su lugar? Ya lo he dicho; para eso no son precisos los consejos.
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