Emilio o la educación (Jean Jacques Rousseau) - pág.29
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Esta es la condición esencial, y todavía creo que es tan indispensable el contacto entre el alumno y el ayo que ambos deberían ser inseparables, y que el destino de su vida fuera siempre un objeto común entre ellos. Tan pronto como advierten, aunque lejana, su separación y se percatan del instante en que ambos han de ser extraños uno para otro, en realidad ya lo son, y pensando los dos en la época en que vivirán separados, cada uno se labra su sistema y permanecen unidos a disgusto. El discípulo mira al maestro como el verdugo de su niñez; el maestro no ve en el discípulo mas que una carga pesada, y sólo desea librarse de ella. Aspiran a librarse el uno del otro, y careciendo de cariño mutuo, el uno pondrá poca vigilancia y la docilidad del otro quedará disminuida.
Pero si se consideran como obligados a pasar juntos la vida, les interesa hacerse amar uno del otro, y se aman de verdad. Cuando niño, el alumno no siente ninguna vergüenza de seguir al amigo que ha de tener durante toda su vida y cuando sea hombre, y el ayo pone todos sus afanes en el cultivo de su alumno, cuyos frutos ha de recoger. De esta manera, pone a interés para su ancianidad un fondo, que no es otra cosa que el mérito que da a su alumno.
Este trato convenido de antemano, supone un parto feliz, un niño bien conformado, robusto y sano. Un padre carece del derecho de escoger ni debe tener preferencias en la familia que Dios le ha dado; todos sus hijos son igualmente suyos; les debe a todos la misma solicitud y el mismo cariño. Que sean deficientes o no, enfermos o robustos, cada uno de ellos es un depósito del cual debe dar cuenta a la mano de quien lo recibió, y el matrimonio es un contrato realizado con la naturaleza al mismo tiempo que entre los cónyuges. Pero el que se impone un deber que la naturaleza no ha impedido, se debe asegurar en adelante de los medios que colmen sus propósitos, pues de otra forma se hace culpable de lo que no habrá podido realizar. Aquel que se encarga de un alumno deforme enfermizo cambia su función de ayo por la de enfermero, y pierde el tiempo al tener que cuidar una vida inútil el que lo había destinado para aumentar su valor; se expone a ver a una madre desconsolada reprocharle un día la muerte de uno de los hijos que él habría conservado quizá durante mucho tiempo.
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