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Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.134

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la Compañía. Después de la muerte del comisario volvió al Cabo. Algunos
días después, en una visita que hizo a algunos hotentotes parientes suyos,
tomó la decisión de despojarse de sus vestidos europeos y cubrirse con la
piel de una oveja. Así volvió al fuerte, con un paquete que contenía sus
anteriores ropas, y presentándolas al gobernador, le dijo: Tened la
bondad, señor de tener presente que renuncio para siempre a estos
vestidos; renuncio también por toda mi vida a la religión cristiana; he
resuelto vivir y morir en la religión, en las costumbres y usos de mis
antepasados. La única gracia que os pido es que me dejéis el collar y el
machete que llevo; los guardaré como recuerdo vuestro. En el acto, sin
esperar la respuesta de Van der Stel, emprendió la huida, y jamás volvió
al Cabo.» (Historia de los viajes, tomo V, pág. 175.)




30.Se me podría objetar que, en un desorden semejante, los hombres,
en lugar de exterminarse sañudamente, se hubieran dispersado si no hubiese
habido límites a su dispersión. Pero, en primer lugar, estos límites
hubiesen sido al menos los del mundo, y si se piensa en la excesiva
población que resulta del estado natural, se comprenderá que la tierra, en
ese estado, no habría tardado en quedar cubierta de hombres, forzados de
tal modo a vivir reunidos. Por otra parte, se habrían dispersado si el mal
hubiese sido rápido, un cambio del día a la mañana; pero nacían bajo el
yugo, estaban habituados a llevarlo, aunque sentían su peso, y se
contentaban con esperar la ocasión de sacudirlo. En fin: acostumbrados ya
a mil comodidades, que los forzaban a vivir agrupados, la dispersión no
era tan fácil como en los primeros tiempos, en los cuales, no teniendo
nadie necesidad sino de sí mismo, cada uno tomaba su partido sin esperar
el consentimiento de los demás.




31.«Espantado por tan extraño suplicio, rico e indigente al mismo


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