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Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.118

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sacar la misma conclusión. Habría, sin embargo, un medio por el cual, si
el orangután y otros eran de la especie humana, los observadores menos
hábiles podrían asegurarse de ello hasta con demostración práctica; pero,
además de que no bastaría para esta experiencia una sola generación, debe
pasar por impracticable, porque sería necesario que lo que sólo es mera
suposición fuera demostrado cierto antes de que la prueba corroborativa
pudiera ser intentada inocentemente.
Los juicios precipitados, que no son fruto de una razón esclarecida,
están propensos a caer en el exceso. Nuestros viajeros convierten sin
reparo en bestias, bajo el nombre de pongos, de mandriles, de orangutanes,
a esos mismos seres que los antiguos, con el nombre de sátiros, faunos y
silvanos, hacían divinidades. Tal vez, después de investigaciones más
exactas, se halle que no son ni bestias ni dioses, sino hombres. Entro
tanto, me parece que debe darse la preferencia sobre estas cuestiones a
Merolla, ilustrado religioso, testigo ocular y que, a pesar de su
ingenuidad, no dejaba de ser un hombre de espíritu, que no al comerciante
Battel, a Dapper, Punchass y demás compiladores.
¿Qué juicio habrían formulado semejantes observadores sobre el niño
hallado en 1694, del que ya he hablado en la nota 8.ª, que no daba prueba
alguna de razón, andaba a cuatro pies, carecía de lenguaje articulado y
emitía unos sonidos en nada parecidos a los de un hombre? Pasó mucho
tiempo, continúa el mismo filósofo que me refiere el hecho, antes de que
pudiera proferir algunas palabras. En cuanto pudo hablar se le preguntó
sobre su primer estado, pero no recordaba mucho más que recordamos
nosotros de lo que nos ha sucedido en la cuna. Si, desgraciadamente para
él, esta criatura hubiera caído en manos de nuestros viajeros, no cabe
duda que, después de haber observado su silencio y su estupidez, habrían
tornado el partido de dejarlo en los bosques, o bien de encerrarlo en una
casa de fieras, después de lo cual hubieran hablado sabiamente de él en


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