Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.113
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verosímil: que si se hubieran podido hacer buenas observaciones en esos
tiempos antiguos, en que los diversos pueblos seguían costumbres más
distintas entre sí que hoy día, se hubiesen observado, tanto en la figura
como en la conformación del cuerpo, variaciones mucho más sorprendentes.
Todos estos hechos, de los cuales es fácil presentar pruebas
incontestables, no pueden sorprender sino a aquellos que están
acostumbrados a no ver más que los objetos que los rodean y que ignoran
los poderosos efectos de las variaciones del clima, del aire, de los
alimentos, de la manera de vivir, de las costumbres en general, y sobre
todo la fuerza asombrosa de las mismas causas cuando obran
ininterrumpidamente sobre una larga serie de generaciones. Hoy que el
comercio, los viajes y las conquistas aproximan cada vez más a los
diversos pueblos y que sus costumbres se confunden sin cesar por la
frecuente comunicación, se advierte que ciertas diferencias nacionales se
han atenuado; así, por ejemplo, puede observar cualquiera que los
franceses actuales no tienen ya aquellos cuerpos grandes, blancos y rubios
descritos por los historiadores latinos, aunque el tiempo, junto con la
mezcla de francos y normandos, blancos y rubios también, hubiera debido
restaurar lo que el frecuente trato con los romanos hubiese podido restar
a la influencia del clima sobre la constitución natural y el color de los
habitantes. Todas estas observaciones acerca de las diferencias que mil
causas pueden producir y han producido en la especie humana me hacen dudar
si diversos animales parecidos a los hombres, considerados como bestias
por los viajeros sin detenido examen, o a causa de algunas diferencias en
su conformación exterior, o solamente por que esos animales no hablaban,
no serían, en efecto, verdaderos hombres salvajes cuya raza, antiguamente
dispersa en los bosques, no hubiera tenido ocasión de desarrollar ninguna
de sus facultades virtuales, ni adquirir ningún grado de perfección, y se
hallaba todavía en el primitivo estado natural. Demos un ejemplo de lo que
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