Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.106
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dueño del universo. Tal es el cuadro moral, si no de la vida humana, por
lo menos de las pretensiones secretas del corazón de todo hombre
civilizado.
Comparad sin prevenciones el estado del hombre civil con el del
hombre salvaje, e inquirid, si podéis, cuántas nuevas puertas al dolor y a
la muerte ha abierto el primero, además de su maldad, sus necesidades y
sus miserias. Si consideráis los tormentos del espíritu que nos consumen,
las pasiones violentas que nos agobian y agotan, los excesivos trabajos de
que están sobrecargados los pobres, la ociosidad todavía más peligrosa a
que se entregan los ricos, muriendo aquéllos de privaciones y éstos de sus
excesos; si pensáis en las monstruosas mezcolanzas de los alimentos, en
sus perniciosos condimentos, en los géneros corrompidos, las drogas
falsificadas, los engaños de quienes las venden, los errores de quienes
las administran, en el veneno de las vasijas en que se preparan; si
prestáis atención a las enfermedades epidémicas engendradas por el aire
corrompido por multitudes de hombres reunidos, en las que ocasionan la
delicadeza de nuestra manera de vivir, el paso alternativo de nuestras
habitaciones al aire libre, el uso de vestidos puestos o quitados con poca
precaución, y todos aquellos cuidados que nuestra sensualidad excesiva ha
convertido en costumbres necesarias, cuya negligencia o privación nos
cuesta la salud o la vida; si añadís los incendios y los temblores de
tierra, que, destruyendo ciudades enteras, hacen perecer por millares a
sus habitantes; en una palabra: si juntáis los peligros que todas esas
causas acumulan continuamente sobre nuestras cabezas, comprenderéis
entonces cómo la naturaleza nos hace pagar con exceso el desprecio que
hemos hecho de sus enseñanzas.
No repetiré aquí lo que en otra parte he dicho sobre la guerra; pero
desearía que las gentes instruidas quisieran u osaran dar de una vez al
público los detalles de los horrores que se cometen en los ejércitos por
los proveedores de víveres y los administradores de hospitales; se vería
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