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Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.104

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Los hombres son perversos; una triste y continua experiencia dispensa
la prueba. Sin embargo, el hombre es naturalmente bueno; creo haberle
demostrado. ¿Qué puede, pues, haberle pervertido sino los cambios
ocurridos en su constitución, los progresos que ha realizado y los
conocimientos que ha adquirido? Admírese cuanto se quiera la sociedad
humana, pero no será menos cierto que lleva necesariamente a los hombres a
odiarse entre sí a medida que sus intereses se encuentran, a prestarse en
apariencia mutuos servicios y hacerse en realidad todo el daño imaginable.
¿Qué se puede pensar de un trato en el cual la razón de cada particular le
dicta a éste principios completamente opuestos a aquellos que la razón
pública aconseja al cuerpo de la sociedad, y en el que cada uno encuentra
su provecho en la desgracia ajena? No existe acaso ningún hombre acomodado
a quien sus ávidos herederos, y con frecuencia sus propios hijos, no
deseen secretamente la muerte; ningún barco en el mar cuyo naufragio no
fuera una buena noticia para algún negociante; ninguna casa que no desee
ver ardiendo con todos los papeles guardados en ella algún deudor de mala
fe; ningún pueblo que no se regocije de los desastres de sus vecinos. De
modo que hallamos nuestro provecho en el daño de nuestros semejantes, y
casi siempre la desgracia de uno es causa de la prosperidad de otro. Pero
lo más peligroso es que las calamidades públicas constituyen la esperanza
de una multitud de particulares; unos desean que haya enfermedades; otros,
mortandad; otros, guerra; otros, hambre. Yo he visto hombres horribles
llorando de dolor por la promesa de un año fértil, y el grande y funesto
incendio de Londres, que costó la vida y los bienes a tantos infortunados,
hizo tal vez la fortuna de diez mil personas. Sé que Montaigne censura al
ateniense Demades por haber hecho castigar a un obrero que, vendiendo muy
caros los sarcófagos, obtenía grandes ganancias con la muerte de los


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