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Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.76

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el primer momento en brazos de un amo absoluto, sin condiciones y para
siempre, y que el primer medio de atender a la seguridad común imaginado
por hombres arrogantes o indómitos haya sido precipitarse en la
esclavitud. En efecto: ¿por qué se han dado a sí mismos superiores si no
es para que los defendieran contra la opresión y protegieran sus bienes,
sus libertades y sus vidas, que son, por así decir, los elementos
constitutivos de su ser? Ahora bien en las relaciones entre los hombres,
lo peor que puede sucederle a uno es verse a discreción de otro; ¿no
hubiera sido, pues, contra el buen sentido abandonar entre las manos de un
jefe las únicas cosas para cuya conservación necesitaban su auxilio? ¿Qué
equivalente hubiera podido ofrecer éste por la concesión de tan magnífico
derecho? Y si hubiera osado exigirlo con el pretexto de defenderlos, ¿no
hubiese recibido inmediatamente la respuesta del apólogo: ¿Qué mal nos
haría el enemigo? Es, pues, incontestable, y tal es el precepto
fundamental de todo derecho político, que los pueblos se han dado jefes
para defender su libertad y no para oprimirlos. Si tenemos un príncipe
-decía Plinio a Trajano- es con el fin de que nos preserve de tener un
amo.
Los políticos hacen sobre el amor de la libertad los mismos sofismas
que los filósofos sobre el estado de naturaleza. Por las cosas que ven
juzgan cosas muy distintas que no han visto, y atribuyen a los hombres una
inclinación natural a la esclavitud por la paciencia con que soportan la
suya aquellos que tienen ante los ojos, sin pensar que sucede con la
libertad como con la inocencia y la virtud, cuyo valor no se conoce
mientras no se gozan, el gusto de las cuales desaparece tan pronto como se
han perdido. «Conozco las delicias de tu país -dijo Brasidas a un sátrapa
que comparaba la vida de Esparta con la de Persépolis-, pero tú no puedes


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