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Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) - pág.74

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sola ciudad, que no se hubieran cometido en el estado de naturaleza
durante siglos enteros y en toda la extensión de la tierra. Tales son los
primeros efectos que se observan de la división del género humano en
diferentes sociedades. Volvamos a sus instituciones.
Yo sé que otros han atribuido diferentes orígenes a las sociedades
políticas, como las conquistas del más fuerte o la unión de los débiles;
pero la elección entre estas causas es indiferente para lo que quiero
dejar asentado. Sin embargo, la que yo he expuesto me parece la más
natural por las siguientes razones: Primera: Que, en el primer caso, el
derecho de conquista, no siendo un derecho, no ha podido servir de
fundamento a otro alguno, pues el conquistador y los pueblos sometidos
permanecían siempre en estado de guerra, a menos que la nación, recobrada
su plena libertad, no escogiera voluntariamente a su vencedor por su jefe;
hasta entonces, sean cualesquiera las capitulaciones que se hubiesen
hecho, como sólo descansan sobre la violencia y, por consiguiente, son
nulas por ese mismo hecho, no puede haber, en esta hipótesis, ni verdadera
sociedad, ni cuerpo político, ni otra ley que la del más fuerte. Segunda:
Que las palabras fuerte y débil son equívocas en el segundo caso; que en
el intervalo entre el establecimiento del derecho de propiedad o del
primer ocupante y la constitución de gobiernos políticos, el sentido de
esos términos es mejor expresado por los de pobre y rico, porque, en
efecto, un hombre no tenía antes de la implantación de las leyes otro
medio de someter a sus iguales que el de atacar a sus bienes o el de darle
parte de los suyos. Tercera: Que, no teniendo los pobres otra cosa que
perder sino su libertad, hubieran cometido una gran locura privándose
voluntariamente del único bien que les quedaba para no ganar nada en el
cambio; que, al contrario, sensibles los ricos, por así decir, en todas


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