Las tristes (Ovidio) - pág.49
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De aquí que este lugar se llame Tomos, porque en él una hermana hizo pedazos el cuerpo de su hermano.
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Si hay todavía en Roma quien se acuerde del desterrado Nasón y, a falta de mi persona, subsiste en ella todavía mi nombre, sepa que vivo en medio de la barbarie, bajo la constelación que nunca se sumerge en las olas, rodeado por los Sármatas, gente feroz, y los Besos y los Getas, voces bien poco dignas de sonar en mis poemas. Si reinan los templados Céfiros, el Danubio nos sirve de barrera, y con sus líquidos raudales nos protege de la invasión; mas cuando el triste invierno muestra su escuálida faz, y la escarcha convierte el suelo en mármol de blancura deslumbrante, cuando el Bóreas se desata y la nieve se amontona bajo la Osa, entonces estos pueblos se sienten oprimidos por el polo que estremecen las borrascas. La nieve cubre la tierra y ni el sol ni la lluvia la deshacen; el Bóreas la endurece y la convierte en perpetua; aun no derretida la primera, cae la segunda, y suele amontonarse en muchos sitios la de dos años. La fuerza del violento Aquilón es tal, que derriba las altas torres y se lleva las casas arrancadas de su asiento.
Con pieles y burdas bragas cosidas se defienden sus habitantes mal de los fríos, y de todo el cuerpo sólo descubren el rostro; es frecuente oír cómo sue-nan los cabellos a cualquier movimiento y ver las barbas blancas con los copos recogidos. El vino se sostiene sin liquidarse, conserva la forma de la vasija que lo guarda, y no se bebe a tragos, sino partido en pedazos. ¿Qué diré de los arroyos presos y solidificados por el frío, y los lagos donde se cavan bloques de agua? Este mismo río tan anchuroso como el que produce el pápiro que vierte en el vasto mar por muchas bocas su corriente, el íster de ondas azuladas se congela por la acción de los vientos y sus aguas por ocultas vías desembocan en el Euxino. Entonces camínase a pie por donde bogaban los barcos, el casco del caballo golpea las sólidas ondas, y mientras las líquidas resbalan por debajo, cruzan aquellos nuevos puentes los bueyes de los Sármatas que arrastran sus bárbaros carros.
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