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Las tristes (Ovidio) - pág.47

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Y tú, a cuyos talentos deseo destinos más felices que los míos, evita también, ya que puedes, el perecer del todo en la hoguera.
VIII
Ahora desearía montar el carro de Triptolemo, el que depositó en la inculta tierra las primeras se­millas, ahora quisiera regir los dragones con cuyo auxilio Medea se fugó, ¡oh Corinto!, de tu ciudadela, ahora me arrojaría a tomar audaces alas, fuesen las de Perseo o las de Dédalo, para hendir con rápida marcha las tenues auras, y contemplar de repente el dulce suelo de la patria, el aspecto de mi desierta casa, los fieles amigos y, sobre todo, el rostro de mi queridísima esposa. Insensato, ¿por qué formas esos vanos y pueriles votos que ningún día ve ni verá realizados? Si has de suplicar alguna vez, adora el numen de Augusto y eleva humilde tus plegarias al dios cuyo enojo experimentaste. Él sólo te traerá las alas y los carros voladores; así que te permita el re­greso, al instante emprenderás el vuelo.
Si impetrase este favor, el más grande que po­dría apetecer, temo que mis votos pareciesen dema­siado ambiciosos. Tal vez un día, cuando su cólera se haya saciado, se me proporcione entonces la oca­sión de rogarle con vivas instancias. En el ínterin solicitaré más pequeña merced, y para mi será muy grande, que me ordene salir de esta región adonde le plazca. Aquí me dañan las aguas, el clima, la tierra y el aire, y una postración crónica aniquila mi orga­nismo; sea que el contagio de la mente enferma se comunique a los miembros, sea que resida la causa de mi dolencia en la naturaleza del país. Desde que arribé al Ponto, los insomnios me fatigan, la dema­cración casi descubre mis huesos y los alimentos me repugnan al paladar. En mi faz y mi cuerpo se re­trata la palidez que en las primeras ráfagas otoñales seca las hojas heridas por los hielos precursores del invierno: me siento incapaz de restaurar las fuerzas perdidas y nunca faltan motivos a mis lamentacio­nes. Mi ánimo gime tan decaído como mi cuerpo igualmente enfermo; por una y otra parte arrostro un doble tormento.


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