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Las tristes (Ovidio) - pág.40

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Si al cabo se cumple el plazo señalado a mi destierro, y toco al término de la bre­ve existencia, ¿qué os costaba, potentes dioses, per­donar al moribundo y permitir que al menos fuera sepultado en el suelo patrio, o que su castigo se difi­riese hasta el momento de la muerte, o que ésta se precipitase anticipándose al destierro? ¿Conque he de perecer tan lejos, en ignotas playas, y a mi triste muerte se añadirá el horror de estos lugares? ¿Mi cuerpo exánime no reposará en el lecho acostum­brado; no habrá quien llore en mis funerales; las lágrimas de una esposa no vendrán a regar mi ros­tro, ni a detener un instante el alma fugitiva? ¿No dictaré mi postrer voluntad después de la última despedida? ¿La mano de un amigo no cerrará mis ojos sin luz? ¿Y sin fúnebres exequias, sin el honor del sepulcro ni el tributo del llanto, una tierra ex­tranjera cubrirá mis infelices despojos? ¿Y tú, al oír estas nuevas, no sentirás turbada el alma, y no gol­pearás tu fiel pecho con mano temblorosa, y ten­diendo los brazos hacia estas regiones, no pronunciarás en vano el nombre de tu desvalido esposo? ¡Ah!, cesa de martirizar tus mejillas y arran-carte el cabello, luz de mi vida; no es la vez única que me robaron a tu cariño; imagina que perecí al perder la patria; aquella muerte fue la primera y más cruel para mí. Ahora, amantísima esposa, si puedes, yo creo que no, regocíjate de que la muerte ponga fin a tantas desdichas como me asaltan. Lo que sí puedes es afrontar el dolor, sobrellevándolo con animoso brío: desde larga fecha hubiste de aprender lecciones de fortaleza. Pluguiese al Cielo que el alma pereciera con el cuerpo, y que ninguna parte del mío escapase a la llama devoradora; pues si el espíritu, de esencia inmortal, vuela a los sublimes espacios, confirmando la doctrina del viejo de Samos, la sombra de un romano vagará eternamente entre las de los Sármatas, siempre extranjera para sus bárba­ros manes. Transporta a Roma en pequeña urna mis cenizas, y así, después de muerto, no me veré deste­rrado.


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