Las tristes (Ovidio) - pág.37
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Accedió, y guiando mis pasos, dijo: « Éste es el foro de César, ésta es la vía que por sus templos se llama Sagrada. Aquí se abre el santuario de Vesta, que guarda el Paladión y el fuego eterno; aquí se levanta el modesto palacio del antiguo Numa»; y de aquí pasando a la derecha, me dice: «Ésta es la puerta Palatina; éste el templo de Estator, donde tuvo su principio Roma.» Mientras admiro tales monumentos, veo resplandecer con trofeos de ar-mas un pórtico suntuoso, morada digna de un dios, y pregunté: «¿Es el templo de Jove?»; porque una corona de encina daba indicios a tal conjetura. Luego que conocí quién era su señor, exclamé «No me engaño, cierto, es la mansión del potente Júpiter; mas ¿por qué reverdece el laurel ante la puerta, y rodea la entrada del augusto palacio con su opaco follaje? ¿Tal vez por los incesantes triunfos obtenidos, o porque fue amado siempre del dios de Léucade? ¿Es señal de la alegría que disfruta, o de la que difunde por todas partes, o el emblema de la paz con que ha tranquilizado el Universo? Como el verdor eterno del laurel y sus hojas, que nunca caen marchitas, así ella goza de gloria inmortal. Una inscripción declara el significado de la corona de encina, advirtiéndonos que se debe a sus esfuerzos la salud de los ciudadanos. Salva también, padre clementísimo, a un ciudadano que yace relegado en la extremidad del mundo, cuyo castigo, que confiesa haber merecido, no se le impuso a consecuencia de un crimen, sino de un error excusable. ¡Desgraciado de mí!; me espanta el sitio, venero a su señor, y noto mis letras trazadas por una mano temblorosa. ¿No ves cómo palidece el color de la carta, y se encogen de miedo sus líneas desiguales? Quiera el Cielo aplacarte un día con respecto a mi padre, y que yo te vea, sacra mansión, habitada por sus actuales dueños.» De allí, siguiendo nuestro camino, subimos por excelsas gradas al marmóreo templo del dios de intonsa cabellera, donde, entre columnas talladas en tierras remotas, se admiran las estatuas de las Danaides y de su bárbaro padre con el acero desnudo, y dentro las doctas concepciones de sabios, antiguos y modernos, ofreciéndose a la curiosidad del lector.
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