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Las tristes (Ovidio) - pág.29

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Página 29 de 126


La primera página de mi libro, dirigido sólo a las meretrices, aparta lejos a las mujeres honestas; si alguna penetra en el santuario sin permiso del sa­cerdote, ella misma se declara culpable de criminal desobediencia. Mas no juzgo un crimen deleitarse en la lectura de versos galantes. A la mujer honrada se la permite que lea muchas cosas que no debe ha­cer. Es frecuente que una matrona de severo ceño contemple desnudas mujeres que se disponen a los combates de Venus. Los ojos de las Vestales ven los inmodestos cuerpos de las cortesanas, sin que les imponga por ello castigo el vigilante de sus actos. ¿Mas por qué reina tan desaforada lascivia en los partos de mi Musa? ¿Por qué mi libro incita al amor? Lo confieso, es un pecado, una culpa mani-fiesta, y me arrepiento de mi poco seso y maligno ingenio. ¿Por qué no celebré mejor en un nuevo poema las desdichas de Troya arrasada por las ar-mas de los griegos? ¿Por qué no canté a Tebas con las heridas recíprocas de los dos hermanos y las siete puertas encomendadas a siete jefes diferentes? La belicosa Roma me brindaba abundante materia, y es labor meritísima referir los altos hechos de la pa­tria. En suma: debí cantar alguna parte de tus excel­sas virtudes, ¡oh César!, que llenas con tu grandeza la redondez del orbe. Como los rayos deslumbran­tes del sol atraen las miradas, así tus insignes accio­nes debieron atraer mi genio.
Soy censurado sin razón; yo labro humilde cam­po, y aquélla era una obra de opulenta fecundidad.
Por el hecho de haber recorrido pequeño lago, no ha de confiarse una barca a las olas del piélago, y aun acaso dude si es notable mi aptitud en la poesía ligera y sobresalgo en composiciones de corto vue-lo; pero si me ordenas cantar a los gigantes aniqui­lados por el rayo de Júpiter, la carga abrumará mis fuerzas. Las heroicas empresas de César reclaman un vate de riquísima vena, para sostener la obra al nivel del sujeto. No obstante, me atreví; pero temí luego empañar tu gloria y cometer un sacrilegio que menoscabase tu grandeza.


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