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Las tristes (Ovidio) - pág.13

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Siendo inferior a Jove el numen que reina en las hinchadas olas, él se vio perseguido por la venganza de Neptuno, yo por la de Jove. Añádase que la mayor parte de sus trabajos es una pura fic­ción, lo que no sucede en mis tristes sucesos. Él por fin encontró sus Penates deseados, y pisó los cam­pos que por tanto tiempo le fuera imposible visitar, y yo tengo que carecer de la patria a perpetuidad, si
no se calma la cólera del dios a quien he agraviado.
VI
Lide no fue tan amada del poeta de Claros, ni Batis del nacido en Cos, como tú, cara esposa, cuya imagen llevo grabada en el fondo del corazón, digna de marido más feliz, ya que no más consecuente. Tú fuiste el puntal que impidió mi completa ruina, y si algo soy todavía, a ti lo debo todo. Tú conseguiste que no fuera el despojo y la presa de aquellos que codiciaban los restos de mi naufragio. Como el lobo rapaz incitado por el hambre y la sed de matanza espía el instante de sorprender un redil indefenso; como el buitre voraz revuelve a todas partes la vista, ansioso de descubrir un cadáver insepulto, así un sujeto que desconozco, envalentonado por mi fatal proscripción, intentó apoderarse de mis bienes, si tú lo hubieras consentido; mas le detuvo tu valor, que alentaron esforzados amigos, para los cuales será siempre poca mi inmensa gratitud. Un testigo tan veraz como desdichado ensalza tu proceder, si tiene algún peso testimonio como el mío. Tu abnegación sobrepuja a la de la esposa de Héctor y de Laoda­mia, que acompañó en la muerte a su marido. Si hubieses alcanzado la suerte de hallar un Hornero, tu fama eclipsaría la de Penélope, ya debas tanta virtud a ti sola, sin que ninguna maestra te inculcara esa piedad, y tus nobles cualidades te adornen desde el día que naciste; ya sea que una mujer principal, por la que siempre has sentido veneración, te ense­ñase a ser el modelo de las buenas esposas, y el trato continuo te hiciese su semejante, si cabe similitud entre los destinos grandes y los humildes.


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