Las Pónticas (Ovidio) - pág.39
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La fortuna me puso en tus ma-nos, de lo cual no me quejo: en esto sólo no se me ha mostrado enemiga; recibe en tu benigna playa mi nave maltrecha, y que la tierra donde imperas no me asuste más cruel que las olas.
Créeme: es virtud regia amparar a los desvalidos, y propia de príncipe tan preclaro como tú; eso conviene a tu fortuna, que, siendo tan extremada, apenas iguala a la grandeza de tu ánimo. Nunca el poderío se ensalza con tan justos títulos como en las ocasiones en que se rinde a las súplicas. Esto lo exige el esplendor de tu linaje, como pensión de una nobleza que procede de los dioses; esto te persuadió, Eumolpo, insigne fundador de tu raza, y antes que él, su bisabuelo Erictonio. En esto te asemejas a los dioses: uno y otros, vencidos por los ruegos, soléis dispensar vuestra ayuda a los suplicantes. ¿Y qué razón habría para rendir a los númenes los honores acostumbrados, si les quitas la voluntad de favorecernos? Si Júpiter se hace el sordo a la voz que le implora, ¿por qué ha de caer la víctima herida en su templo? Si el Ponto no permite un momento de reposo a mi nave, ¿por qué ofrecer a Neptuno el inútil incienso? Si Ceres burla la esperanza del colo-no laborioso, ¿por qué ha de recibir las entrañas de una puerca en estado de preñez? El macho cabrío no se inmolará a Baco, el de largos cabellos, si el mosto no salta bajo los pies que aplastan los racimos. Deseamos que César sostenga las riendas del Imperio, porque atiende solícito al interés de la patria. Los servicios que nos prestan engrandecen a los hombres y los dioses, y cada cual ensalza a los que le protegen. Tú, pues, ¡oh Cotys, vástago digno de un noble padre!, socorre al desdichado que hoy mora en tus dominios. El placer más grande de un hombre es salvar a otro: de ninguna manera se conquistan mejor las voluntades. ¿Quién no maldice al Lestrigón Antífates ,o reprocha la munífica generosidad de Alcinoo? Tu padre no fue el tirano de Casandrea o el de Fera, ni el que tostó en el toro de bronce a su inventor, sino un rey valeroso en la guerra e invencible en los combates, que odiaba la sangre una vez concluida la paz.
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