Las Pónticas (Ovidio) - pág.37
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No es dicha de poca entidad la contemplación de tales seres, y poder conversar con ellos cual si estuvieran presentes. ¡Qué premio tan magnífico el de los dioses! Ya, como antes, no habito en los últimos confines; vivo feliz en la ciudad de Roma, veo el rostro de los Césares como en otro tiempo, apenas mis votos se atrevían a llegar tan lejos; como anterior-mente, saludo hoy al numen celeste: nada más satisfactorio podrías brindarme a la vuelta del destierro. ¿Qué falta al placer de los ojos si no es la vista del palacio, que sin la presencia de César sería un lugar despreciable? Contemplándolo, me figuro ver la población de Roma, porque los rasgos de su fisonomía reproducen la imagen de la patria. ¿Me engaño, o los ojos de este retrato vibran irritados contra mí? ¿No hay en sus torvas facciones algo de amenazador? Perdona, héroe mayor que el orbe por tus virtudes; detén el azote de tu justa venganza; perdóname, te lo suplico, honor eterno de nuestro siglo, cuyo celo te valió ser dueño del universo: por el nombre de la patria, que te es más caro que tu persona; por los dioses, que nunca fueron sordos a tus votos; por la compañera de tu lecho, única mujer digna de compartirlo y capaz de soportar el esplendor de tu majestad; por la salud de tu hijo, copia fiel de tus altas prendas, y en cuyas costumbres se reconoce un vástago tuyo; por tus nietos dignos del padre y el abuelo, que avanzan a grandes pasos en el camino que les has trazado, templa en parte el rigor de mi suplicio y concédeme una residencia lejos de la enemiga Escitia. Y tú, el primero después de César, que tu numen, si lo merezco, no rechace inclemente mis plegarias. Así la feroz Germanía, con el rostro despavorido, no tarde en caminar cautiva delante de tu carro triunfal. Así tu padre viva la edad de Néstor el de Pilos, y tu madre los años de la Sibila de Cumas, y puedas ser hijo mucho tiempo. Tú, igualmente, esposa dignísima de un excelso varón, oye benévola las preces del suplicante: ojalá el cielo preserve a tu esposo, a sus hijos y sus nietos, y con las virtuosas nueras a las hijas que dieron a luz.
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