Las Pónticas (Ovidio) - pág.26
Indice General
|
Volver
Página 26 de 104
Cuando le veas sereno, cuando remita el ceño que llena de espanto al orbe y al Imperio, ruégale que no tolere que yo sea una débil presa de los Getas, y acuerde clima menos duro a mi destierro miserable. El momento es propicio a tales pretensiones: se siente dichoso y ve prosperar la pujanza de Roma, que ha consolidado; su esposa, en perfecta salud, conserva la pureza del tálamo nupcial, y su hijo extiende el poderío de Ausonia. El mismo Germánico se aventaja a los años con su valor, y el arrojo de Druso no cede a su nobleza, y, en fin, sus nueras, sus tiernas nietas, las hijas de sus nietos y todos los miembros de la familia de Au-gusto gozan vida floreciente. Añádase a esto los Peonios recién subyugados, los brazos de los montañeses Dálmatas sujetos a la quietud, y la Iliria, que, deponiendo las armas, no Se desdeña de someter su cabeza esclava a las plantas de César. Él mismo, montado en su carro y atrayendo las miradas con plácido rostro, ceñía a sus, sienes el laurel de la virgen amada de Febo. Con vosotros acompañábanle en la marcha sus piadosos hijos, dignos de tal padre, dignos de los honores recibidos y semejantes a aquellos hermanos a quienes desde su excelsa mansión vio el divino Julo ocupar el próximo templo, Mesalino no les disputa el primer lugar en la común alegría: debe ceder ante ellos; mas fuera de ellos no hay quien le emule en su adhesión; en este particular, Mesalino, no ocuparás nunca el segundo puesto; le honras porque, sin reparar en tu corta edad, premió tus méritos ciñendo de laurel tu frente ennoble-cida por el valor. Felices los que fueron testigos de semejantes triunfos y gozaron la presencia de un caudillo igual a los dioses. ¡Ah!, yo, en vez del rostro de César, tengo que contemplar los de los Sármatas, y una tierra privada de la paz y unas aguas que encadena el hielo. Pero si me oyes, y mi voz llega hasta ti, haz que tu influjo obtenga otro lugar para mi destierro. Tu padre, a quien tanto respeté desde mis primeros años, te pide esto mismo, si aun conserva el sentido su elocuente sombra; esto mismo te pide tu hermano, aunque tal vez recele que te sea perjudicial el empeño de salvarme; te lo pide toda tu familia, y tampoco osarás negar que me contaste en el número de tus amigos.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-104
|