Las Pónticas (Ovidio) - pág.20
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De todas mis épocas, ninguna se me representa con la tenacidad de aquélla, que habría querido fuese la última de mi existencia. Cuando mi casa se derrumbó de golpe con espantosa ruina, cayendo sobre la cabeza de su dueño, Máximo, él vino en mi ayuda, y cuando casi todos me abandonaban, él no siguió a la fortuna. Yo le vi llorar desolado mi desgracia, como si presenciara que llevaban a su her-mano a la pira; se arrojó en mis brazos, consoló mi honda aflicción y mezcló sus lágrimas con el raudal de las mías. ¡Oh!, ¡cuántas veces, guardián aborrecible de mi amarga vida, contuvo mis manos prontas a terminar con ella!; ¡cuántas veces me dijo!: «La cólera de los dioses se deja aplacar; vive, y no desesperes de la posibilidad del perdón. Y oye las palabras que me impresionaron más: «Considera de cuánto auxilio te puede servir Máximo; Máximo se esforzará, con el celo de la amistad que te profesa, rogando a César que no lleve al extremo los efectos de su cólera. A sus esfuerzos juntará los de su her-mano, y no habrá recurso a que no apele para dulcificar tu suerte.» Estas palabras consolaron el tedio de mi ánimo; a ti, Máximo, toca acreditar que no se pronunciaron en balde. A menudo solía jurarme que vendría aquí, siempre que tú le dieses licencia para emprender tan largo viaje; porque el culto que tributa a tu casa es tan respetuoso como el que tú mismo rindes a los dioses que imperan en el mundo. Créeme, tienes merecidamente innumerables amigos, pero ninguno que supere los quilates de su amistad; que no es la hacienda ni el linaje, sino la honradez y el talento, lo que enaltece a los hombres. Vierto con sobrada razón en la muerte de Celso el llanto que él derramó hallándome sin vida el día de mi destierro; con razón le dedico estos versos que testifican sus nobles cualidades, para que los venideros lean el nombre de Celso. Es lo único que puedo enviarte desde los campos Géticos, lo único que puedo llamar mío. No me fue dado acompañar tu funeral y esparcir perfumes sobre tu cuerpo, porque el universo entero me alejaba de tu pira.
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