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El remedio del amor (Ovidio) - pág.22

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Las naves de Argos hubiesen querido alejarse del promontorio de Cafarea y del faro que encendi6 Nauplio por vengar la muerte de su hijo; el cauto marinero se regocija de haber pasa­do el estrecho de Escila; así tú huye de frecuentar los sitios que un día te fueron tan agradables; en ellos están tus Sirtes, tus rocas Acroceranias, y desde ellos vomita la implacable Caribdis las olas que aca­ba de tragar.
Hay otros remedios cuyo empleo no debe orde­narse a nadie, que son infalibles recursos si los aconseja el azar. Que Fedra pierda sus riquezas, y Neptuno salvará a su nieto, conteniendo al mons­truo que espantó sus temerosos corceles. Reduce a Pasífae a la indigencia, y amará con más seso: las riquezas, alientan el desenfreno de la lujuria. ¿Por qué ninguno sedujo a Hécale y ninguna a Iro? Por­que éste era indigente y aquélla pobre. La pobreza no tiene con qué alimentar el amor; sin embargo, no es suficiente razón para que la desees. Más conve­niente te será no asistir a las representaciones tea­trales, mientras no hayas vencido del todo la dolencia que angustia tu pecho. Allí se enerva el ánimo a los acordes de la cítara, al son de la flauta y la lira, del canto y la danza con sus movimientos cadenciosos; allí se representan a diario ficticias pa­siones, y el actor, con arte maravilloso, te enseña los peligros que has de precaver y los placeres que la-bran la felicidad.
Lo digo a mi pesar, no leáis a los poetas eróti­cos; autor desnaturalizado, me revuelvo contra mis propios escritos. Huye de Calímaco, que no es ene­migo del amor, y del poeta de Cos, tan nocivo como el primero. Safo, en verdad, me inspiró gran ternura hacia mi amiga, y en el viejo de Teos no aprendí la mayor rigidez de costumbres, ¿Quién leerá sin pe­ligro los versos de Tibulo, o los de vate dominado sólo por Cintia? ¿Quién puede permanecer indife­rente después de la lectura de Galo? Hasta mis ver­sos no sé qué tienen de sugestivos, y si Apolo que me los dicta no me engaña, siempre es un rival la causa primera de nuestros daños.


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