El remedio del amor (Ovidio) - pág.20
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La misma Venus desaprueba semejantes querellas. Es cosa común acusar a la delincuente y quererla. Cuando el resentimiento desaparece, el amor, libre de lazos, se aleja con prontitud.
Serví un día de testigo a cierto joven cuya amiga acudió al juicio en litera, y sus palabras todas fulminaban contra ella horrendas amenazas. Ya se disponía a formalizar la querella, cuando dice: «Que salga de la litera.» Sale, y a la vista de su prenda, quédase mudo, los brazos se le caen y las tablillas se le escapan de las manos; corre a abrazarla, y exclama: «Has vencido.» Creo más seguro y conveniente separarse sin reñir que desde el tálamo pasar a los litigios forenses. Deja que se aproveche tranquila de los regalos que le hiciste; tan pequeño sacrificio te reportará bienes sinnúmero. Cuando la casualidad os reuna en el mismo sitio, no olvides emplear las ar-mas que puse a tu disposición. Si el trance te obliga a pelear, lucha valerosamente; Pentesilea caerá al rigor de tus dardos. Piensa entonces en tu rival, en la puerta cerrada a tus pretensiones y los falsos juramentos en que puso por testigos a los dioses. No perfumes tu cabello porque vayas a visitarla, no te esmeres en componer los pliegues ondulantes de la toga, ni pongas tanto empeño en agradar a la que ya no te pertenece, y arréglate, en fin, de modo que ella no sea para ti más que una de tantas.
Voy a revelarte los obstáculos que se oponen principalmente a nuestros designios, y que cada cual se instruya por la propia experiencia. Abandonamos tarde nuestras pretensiones, porque confiamos ser .amados todavía. A todos nos embriaga el amor propio, y nos infunde una necia credulidad. No fíes en juramentos; ¿hay cosa más falsa; los mismos dioses inmortales les niegan todo valor; ni te conmuevas por el llanto de las que enseñan a sus ojos a llorar con oportunidad. El albedrío de los amantes se ve, combatido por mil estratagemas, como la piedrezuela de la playa resbala de aquí para allá, arrastrada por las ondas marinas. No declares qué motivos tienes para desear la ruptura, ni confieses la causa de los dolores que padeces en secreto; no le reproches sus deslealtades, porque te abrumará con sus razones; al revés, procura que su causa parezca mejor que la tuya: el que calla da pruebas de entereza, y el que llena de oprobios a su amada, le pide una contestaci6n que le satisfaga.
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