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El remedio del amor (Ovidio) - pág.15

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No te ordeno romper los lazos que te sujetan en los críticos momentos de la exaltación desbordada, no soy capaz (le imponerte leyes tan duras, sino que disfraces tus sentimientos, que afectes haber recuperado la tranquilidad, y lo que finjas bien hoy, mañana será una verdad. Cien veces, por evitar la embriaguez, quise parecer dor­mido, y fingiendo dormir, acabé por rendirme al sueño; y me reí otras tantas del mancebo que se en­gañaba a sí mismo fingiéndose enamorado, y caía presa, cual torpe cazador, en sus propias redes. El amor se nos introduce en el alma por la costumbre, y por la costumbre llega a olvidarse. El que tenga brío y se imagine libre, acabará siéndolo realmente. Si tu prenda te dice que vayas a gozar la noche que te ha prometido, no faltes; si acudes y encuentras la puerta cerrada, llévalo en paciencia. No recurras a las súplicas o las amenazas, ni por eso vayas a ten­derte desesperado en el frío umbral; y a la mañana siguiente no la recrimines por el engaño, ni le dejes ver las señales del dolor impresas en tu aspecto. Ya depondrá su altivez observando tu indiferencia, y éste será un beneficio que debas a mis lecciones. Procura, en fin, engañarte de veras hasta que logres verte libre del cautiverio. El potro rechaza con fre­cuencia los frenos que pretenden sujetarlo. Oculta la utilidad de tus designios, y vendrá a suceder lo que te propones. El pájaro se burla de las redes que se descubren demasiado. Por que no viva tan satisfe­cha que te abrume a fuerza de desprecios, muéstrate altivo con ella, y su arrogancia cederá a tu entereza. ¿Su puerta se halla por casualidad abierta?; pues, aunque te llame, pasa sin entrar, ¿Te concede una noche?; duda si podrás acudir en la que te indica. A poca paciencia que tengas, esto es fácil de soportar, y por ende te permito distraerte en los brazos de cualquier mujerzuela.
¿Quién osará tachar mis preceptos de excesiva­mente severos, cuando represento el papel de un hábil conciliador? Cuanto varían los caracteres hu­manos, tanto varían mis reglas, y a las mil especies de enfermedades acudo con mil distintos remedios.


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