El arte de amar (Ovidio) - pág.44
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Así en otros días lo hizo con Andrómaca el valeroso Héctor, cuyo esfuerzo no brillaba sólo en los combates, y así el gran Aquiles con su cautiva de Lirneso, cuando cansado de combatir se retiraba a descansar en el lecho voluptuoso. Tú, Briseida, permitías que te tocasen aquellas manos que aun estaban empapadas con la sangre de los frigios. ¿Acaso no fué esto mismo lo que más te soliviantaba, viendo orgullosa cómo acariciaba tu cuerpo su diestra vencedora? Créeme, no te afanes por llegar al término de la dicha; demóralo insensiblemente, y la alcanzarás completa. Si das en aquel sitio más sensible de la mujer, que un necio pudor no te detenga la mano; entonces observarás cómo sus ojos despiden una luz temblorosa, semejante al rayo del sol que se refleja en las aguas cristalinas; luego vendrán las quejas, los dulcísimos murmullos, los tiernos gemidos y .las palabras adecuadas a la situación; pero ni te la dejes atrás desplegando todas las velas, ni permitas que ella se te adelante. Penetrad juntos en el puerto. El colmo del placer se goza cuando dos amantes sucumben al mismo tiempo. Esta es la regla que te prescribo, si puedes disponer de espacio y el temor no te obliga a apresurar tus hurtos placenteros; mas si en la tardanza se oculta el peligro, conviene bogar a todo remo y hundir el acicate en los ijares del corcel.
Me acerco al fin de la obra: mozos agradecidos, concededme la palma y ceñid mis cabellos perfumados con guirnaldas de mirto. Cuanto sobresalía Podalirio entre los griegos por su arte en curar, Pirro por su pujanza, Néstor por su elocuencia, Calcas por sus veraces vaticinios, Telamón por su destreza en las armas y Automedonte por su habilidad en guiar los carros, tanto sobresalgo yo en el arte de enamorar. Jóvenes, ensalzad a vuestro poeta, cantad sus alabanzas, y que su nombre corra triunfante por 1a redondez del orbe. Os he provisto de armas corno las que Vulcano entregó a Aquiles; éste venció con ellas; venced vosotros con las que os puse en las manos, y el que con mi acero triunfe de una feroz amazona, inscriba sobre su trofeo: «Ovidio fue mi maestro.
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