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El arte de amar (Ovidio) - pág.24

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Tal el hijo de Príamo, huyendo a to-da vela de la belicosa Amiclas, arrebató la esposa de su huésped, y tal era, Hipodamia, el que en su carro vencedor te conducía lejos de los patrios confines. Joven, ¿por qué te apresuras?; tu barco navega en alta mar, y el puerto a que te guío está muy lejano. No basta que mis lecciones hayan rendido en tus brazos una bella; por mi arte la conseguiste, y mi arte te ayudará a conservarla. No arguye menos mé­rito que la conquista el guardar lo conquistado: lo uno es obra del azar, lo otro consecuencia del arte. Ahora, pues, Cupido y Citerea, si alguna vez me fuisteis propicios, venid en mi ayuda; y tú, Erato, cuyo nombre quiere decir amor. Voy a exponer los medios eficaces de fijar los pasos de ese niño vaga­bundo que recorre por acá y allá el vasto universo. Tiene gran ligereza y dos alas para volar; por consi­guiente, es muy difícil sujetarle al freno.
Minos había previsto cuanto pudiese impedir la fuga de su huésped; mas éste con las alas se abrió camino a través de los aires. Apenas Dédalo hubo encerrado aquel monstruo, medio hombre y medio toro, que concibiera una madre criminal, se pre­sentó al justiciero Minos y le dijo: «Espero que pon­gas término a mi destierro, y que mi pueblo natal reciba mis cenizas; y ya que no me permitió vivir en mi patria la iniquidad del destino, séame lícito morir en ella. Si consideras mi vejez indigna de tu gracia, pon en libertad a mi hijo; y si rehusas perdonarlo, perdona a su anciano padre.» Así dice, y refuerza éstas con otras mil razones; pero Minos permanecía inflexible, y comprendiendo la inutilidad de los rue­gos, se dijo a sí mismo: «Ahora, Dédalo, ahora se te ofrece la ocasión de acreditar tu inventiva. Minos impera en la tierra y domina sobre el mar; la tierra y las aguas se oponen a nuestra fuga; mas la ruta del cielo queda libre, y por ella intento abrirme camino.
¡Júpiter poderoso, dígnate favorecer mi audaz ten­tativa; no me propongo escalar las celestes mansio­nes, pero no encuentro más que esta vía abierta a mi salvación! Si la Estigia me ofrece un pasaje, atrave­saré las ondas de la Estigia: séame permitido cam­biar mi propia naturaleza.


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