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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.383

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Por otra parte, como Athos había previsto, Milady, al encontrarse en la puerta a los hombres que la esperaban, no puso ninguna dificultad en seguirlos; por un instante había tenido ganas de hacerse llevar ante el cardenal y contarle todo, pero una revelación por su parte llevaba a una revelación por parte de Athos: ella diría que Athos la había colgado, pero Athos diría que ella estaba marcada; pensó que más va lía guardar silencio, partir discretamente, cumplir con su habilidad ordinaria la difícil misión de que se había encargado y luego, una vez cumplido todo a satisfacción del cardenal, ir a reclamar su venganza.
Por consiguiente, tras haber viajado toda la noche, a las siete de la mañana estaba en el fuerte de La Pointe, a las ocho había embarcado y a las nueve el navío, que con la patente de corso del cardenal se suponía en franquía para Bayonne, levaba el ancla y navegaba rumbo a Inglaterra.
Capítulo XLVI
El bastión Saint-Geruais
Al llegar donde sus tres amigos, D´Artagnan los encontró reunidos en la misma habitación: Athos reflexionaba, Porthos rizaba su mosta cho, Aramis decía sus oraciones en un encantador librito de horas encuadernado en terciopelo azul.
-¡Diantre, señores! -dijo-. Espero que lo que tengáis que decirme valga la pena; en caso contrario os prevengo que no os perdonaré haberme hecho venir en lugar de dejarme descansar después de una noche pasada conquistando y desmantelando un bastión. ¡Ah, y que no estuvierais allí, señores! ¡Hizo buen calor!
-¡Estábamos en otro lado donde tampoco hacía frío! -respondió Porthos haciendo adoptar a su mostacho un rizo que le era particular.
-¡Chis! -dijo Athos.
-¡Vaya! -dijo D´Artagnan comprendiendo el ligero fruncimiento de ceño del mosquetero-. Parece que hay novedades por aquí.
-Aramis -dijo Athos-, creo que anteayer fuisteis a almorzar al albergue del Parpaillot.
-Sí.
-¿Qué tal está?
-Por lo que a mí se refiere comí muy mal: anteayer era día de ayuno, y no tenían más que carne.
-¿Cómo? -dijo Athos-. ¿En un puerto de mar no tienen pescado?
-Dicen -replicó Aramis volviendo a su piadosa lectura- que el dique que ha hecho construir el señor cardenal lo echa a alta mar.
-Mas no es eso lo que yo os preguntaba, Aramis -prosiguió Athos-; yo os preguntaba si estuvisteis a gusto, y si nadie os había molestado.


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