Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.300
Indice General
|
Volver
Página 300 de 547
-Por eso -continuó Milady-, ya me habría vengado en él si el cardenal, no sé por qué, no me hubiera recomendado tratarlo con miramiento.
-¡Oh, sil Pero la señora no ha tratado con miramientos a la mujer que él amaba.
-¡Ah, la mercera de la calle des Fossoyeurs! Pero ¿no se ha olvidado ya él de que existía? ¡Bonita venganza, a fe!
Un sudor frío corría por la frente de D´Artagnan: aquella mujer era un monstruo.
Volvió a escuchar, pero por desgracia el aseo había terminado.
-Está bien -dijo Milady-, volved a vuestro cuarto y mañana tratad de tener una respuesta a la carta que os he dado.
-¿Para el señor de Wardes? -dijo Ketty.
-Claro, para el señor de Wardes.
-Este me parece -dijo Ketty- una persona que debe de ser todo lo contrario que ese pobre señor D´Artagnan.
-Salid, señorita -dijo Milady-, no me gustan los comentarios.
D´Artagnan oyó la puerta que se cerraba, luego el ruido de dos cerrojos que echaba Milady a fin de encerrarse en su cuarto; por su parte, pero con la mayor suavidad que pudo, Ketty dio una vuelta de llave; entonces D´Artagnan empujó la puerta del armario.
-¡Oh, Dios mío! -dijo en voz baja Ketty-. ¿Qué os pasa? ¡Qué pálido estáis!
-¡Abominable criatura! -murmuró D´Artagnan.
-¡Silencio, silencio salid! -dijo Ketty-. No hay más que un tabique entre mi cuarto y el de Milady, se oye en uno todo lo que se dice en el otro.
-Precisamente por eso no me marcharé -dijo D´Artagnan.
-¿Cómo? -dijo Ketty ruborizándose.
-O al menos me marcharé... más tarde.
Y atrajo a Ketty hacia él; no había medio de resistir -¡la resistencia hace tanto ruido!-, por eso Ketty cedió.
Aquello era un movimiento de venganza contra Milady. D´Artagnan encontró que tenían razón al decir que la venganza es placer de dioses. Por eso, con algo de corazón se habría contentado con esta nueva conquista; mas D´Artagnan sólo tenía ambición y orgullo.
Sin embargo, y hay que decirlo en su elogio, el primer empleo que hizo de su influencia sobre Ketty fue tratar de saber por ells qué había sido de la señora Bonacieux; pero la pobre muchacha juró sobre el crucifijo a D´Artagnan que ignoraba todo, pues su ama no dejaba nunca penetrar más que la mitad de sus secretos; sólo creía poder responder que no estaba muerta.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-547
|