Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.137
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-¿Atestado de gentes de toga vale tanto como la palabra de honor de un hombre de espada? -respondió orgullosamente Tréville.
-Vamos, vamos, Tréville, callaos -dijo el rey.
-Si su Eminencia tiene alguna sospecha contra uno de mis mosqueteros -dijo Tréville-, la justicia del señor cardenal es bastante conocida como para que yo mismo pida una investigación.
-En la casa en que se ha hecho esa inspección judicial -continuó el cardenal, impasible-se aloja, según creo, un bearnés amigo del mosquetero.
-¿Vuestra Eminencia se refiere al señor D´Artagnan?
-Me refiero a un joven al que vos protegéis, señor de Tréville.
-Sí, Eminencia, es ese mismo.
-No sospecháis que ese joven haya dado malos consejos...
-¿A Athos, a un hombre que le dobla en edad? -interrumpió el señor de Tréville-. No, monseñor. Además, el señor D´Artagnan ha pasado la noche conmigo.
-¡Vaya! -dijo el cardenal-. Todo el mundo ha pasado la noche con usted.
-¿Dudaría Su Eminencia de mi palabra? -dijo Tréville, con el rubor de la cólera en la frente.
-¡No, Dios me guarde de ello! -dijo el cardenal-. Sólo que... ¿a qué hora estaba él con vos?
-¡Puedo decirlo a sabiendas a Vuestra Eminencia porque cuando él entraba me fijé que eran las
nueve y media en el péndulo, aunque yo hubiera creído que era más tarde!
-¿Y a qué hora ha salido de vuestro palacio?
-A las diez y media, una hora después del suceso.
-En fin -respondió el cardenal, que no sospechaba ni por un momento de la lealtad de Tréville, y que sentía que la victoria se le escapaba-, en fin, Athos ha sido detenido en esa casa de la calle des Fossoyeurs.
-¿Le está prohibido a un amigo visitar a otro amigo? ¿A un mosquetero de mi compañía confraternizar con un guardia de la compañía del señor Des Essarts?
-Sí, cuando la casa en la que confraterniza con ese amigo es sospechosa.
-Es que esa casa es sospechosa, Tréville -dijo el rey-. Quizá no lo sabíais.
-En efecto, sire, lo ignoraba. En cualquier caso, puede ser sospechosa en cualquier parte; pero niego que lo sea en la parte que habita el señor D´Artagnan; porque puedo afirmaros, sire, que de creer en lo que ha dicho, no existe ni un servidor más fiel de Su Majestad, ni un admirador más profundo del señor cardenal.
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